
El inicio de este año estuvo marcado por una serie de alertas debido a marejadas fuera de lo común, que han afectado diversas zonas del país desde el norte hasta el sur. Este fenómeno ha cobrado la vida de dos personas hasta la fecha y evidencia la creciente vulnerabilidad de nuestras costas frente al cambio climático. La urgente necesidad de una legislación que proteja estos espacios nunca ha sido más clara.
Alertas y riesgos para las costas chilenas
Durante los primeros días de la semana, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) emitió nuevas advertencias sobre marejadas anormales. Las costas afectadas abarcan desde la Región de Arica y Parinacota hasta el Golfo de Arauco, en la Región del Bío Bío, además del Archipiélago de Juan Fernández. Con estas alertas, se insta a la población a mantenerse alejada de las zonas costeras ante el riesgo de estos fenómenos, que recientemente resultaron en dos muertes.
Intensificación del fenómeno y cambio climático
A lo largo de los últimos años, la intensidad de las marejadas ha ido en aumento, impulsada por factores como fuertes vientos y alteraciones oceanográficas. Un factor crucial en este fenómeno es el incremento del nivel del mar debido al calentamiento global. Sin embargo, las consecuencias de este cambio climático no solo son de naturaleza natural, sino también derivadas de la degradación de los ecosistemas costeros. Silvana Espinosa, vocera de Greenpeace Chile, destaca que la falta de protección regulatoria y la erosión han destruido barreras naturales como las dunas y los humedales, que antes ayudaban a mitigar los efectos de fenómenos como las marejadas. Esto ha dejado a las comunidades y otros ecosistemas más vulnerables a los riesgos que enfrentan.

Vulnerabilidad de las zonas costeras chilenas
Con más de 6.400 kilómetros de costas, Chile está especialmente expuesto a las marejadas, cuyo impacto se prevé que aumente con el tiempo. Según Espinosa, el derretimiento de los glaciares y la expansión térmica del agua contribuyen al aumento del volumen oceánico. Además, los cambios en la presión atmosférica y los patrones de viento influyen en la intensidad del fenómeno. Las ciudades más vulnerables son aquellas situadas en áreas urbanas bajas, como es el caso de Valparaíso, que enfrenta un riesgo considerable.

Desafíos en la regulación del borde costero
Uno de los principales desafíos en la protección de las costas es la falta de regulación y el crecimiento descontrolado de las urbanizaciones. La urbanización en áreas costeras ha hecho que los ecosistemas como las dunas y humedales pierdan su capacidad de adaptación, aumentando el riesgo de desastres naturales. Según Espinosa, la interacción entre las decisiones humanas, que alteran las condiciones naturales, ha generado una vulnerabilidad significativa. Estos desastres no son completamente naturales, sino que son en parte consecuencia de decisiones territoriales irresponsables.
La urgencia de una legislación adecuada
Una de las decisiones humanas más controversiales es la tramitación del proyecto de ley de Administración del Borde Costero y Concesiones Marítimas. Este proyecto se encuentra en discusión en la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y Bienes Nacionales del Senado. Sin embargo, el Ejecutivo ha propuesto modificaciones que no consideran adecuadamente la necesidad de proteger el medio ambiente en las zonas costeras. La geógrafa Silvana Espinosa enfatiza que, para mitigar los efectos del cambio climático y proteger las costas, es esencial restaurar los ecosistemas y adoptar una Ley de Costas que aborde las necesidades colectivas de la población, con énfasis en las medidas de adaptación y mitigación climática, en lugar de priorizar únicamente el desarrollo económico, como sucede con el proyecto actualmente en discusión.