
Los riesgos de embargo de las materias primas han sido, de hecho, sobreestimados. En efecto, la mayoría de los países productores, que están en desarrollo, carecen de medios financieros suficientes que les permitan emprender acciones prolongadas de limitación o suspensión de la producción, contrariamente a lo que pueden realizar los países de la OPEP. Pero puede considerarse que los nódulos se encuentran en un “ambiente” que podría resultar políticamente más estable que el de muchos países en desarrollo. Su explotación podría también dar ocasión a ciertas grandes compañías mineras de recuperar una parte de los mercados que perdieron cuando el Tercer Mundo accedió a la independencia y sobrevinieron las nacionalizaciones.
Por lo contrario, los países en desarrollo sostienen una posición bastante diferente de la de los países industrializados en cuanto a la explotación de los nódulos. Varios de ellos exportan los metales contenidos en los nódulos. Las exportaciones de manganeso, níquel, cobre y cobalto que provienen de los países en desarrollo representan un valor de alrededor de 2.000 millones de dólares por año. Algunos de ellos obtienen de la venta de estos metales la mayor parte de sus ingresos de exportación tal, por ejemplo, el caso del Zaire para el cobre y el cobalto. Otros disponen de reservas importantes de estos metales, recientemente descubiertos, y cuentan con su explotación para acelerar su desarrollo económico. La explotación de los nódulos amenaza, pues, conducirlos a pérdidas importantes en sus ingresos. Asimismo, veremos que podría provocar la caída de la cotización de ciertos metales como el cobalto, en particular.
Sin embargo, los países en desarrollo no se oponen totalmente a la explotación de los nódulos, en la medida en que fuera estrechamente controlada por un organismo internacional que descontaría, para redistribuirla, una parte de los beneficios de explotación.
A causa de su interés económico y político, la explotación de los nódulos ha provocado desde hace algunos años un entusiasmo a veces excesivo. En la mayor parte de los países industrializados hay numerosos proyectos en curso para obtener las técnicas de extracción y tratamiento metalúrgico de los nódulos. En general, se prevé que su explotación industrial podría comenzar antes de 1980 y adquirir rápidamente, sobre el plan económico, una importancia comparable a la del petróleo submarino. De hecho, esta compleja empresa implica todavía muchas incertidumbres técnicas, económicas y jurídicas que amenazan limitar su desarrollo en el mediano término. Los proyectos de explotación de los nódulos surgen, no sólo de la industria privada, sino también de los gobiernos. A este respecto, los sistemas norteamericanos y europeos son bastante diferentes. En los Estados Unidos la mayoría de los proyectos de explotación son privados y las actividades del gobierno se limitaron, hasta el presente, a campañas de explotación y al estudio científico de los nódulos.
En Europa, por lo contrario, algunos gobiernos financiaron trabajos de investigación sobre la recolección y el tratamiento metalúrgico de los nódulos, especialmente Francia y Alemania, al igual que Japón. En efecto, el grado de autonomía de estos países en lo que respecta a sus aprovisionamientos de materiales no ferrosos es mucho más reducido que el de los Estados Unidos y, sin duda, explica el interés de sus gobiernos por la explotación de los nódulos.
Desde 1968 la compañía norteamericana Deepsea Venture, “filial de riesgos” de Tenneco (Vigésimonovena compañía industrial norteamericana; volumen de negocios en 1973:3.900 millones de dólares), se lanzó a un ambieso programa de explotación de nódulos. Desde entonces, unas treinta compañías norteamericanas, europeas y japonesas han estudiado los problemas de recolección y tratamiento metalúrgico de los nódulos, invirtiéndose en total de 100a 200 millones de dólares en programas de investigación y desarrollo sobre nódulos. Las principales actividades en este rubro se agrupan actualmente en el seno de tres “consorcios” y un “sindicato” internacional.
En mayo de 1974 la Tenneco creó un consorcio que reunía por partes iguales a la Deepsea Venture y tres compañías japonesas: Nichimen, C. Itoh y Kanematsu Gosho. En diciembre de 1974 la Unión Minera de Bélgica y la US Steel se unieron a este consorcio que tiene previsto invertir 20 millones de dólares en tres años para poner a punto los sistemas de recolección y tratamiento de nódulos desarrollados por la Deepsea Venture, así como valorizar los yacimientos que podrían explotarse industrialmente. En enero del mismo año, Kennecott Copper, primer productor de cobre que controla cerca del 10% de la producción mundial de este metal, se puso a la cabeza de un consorcio que reunía las compañías Río Tinto Zinc y Consolidated Gold Fields, la japonesa Mitsubishi y la canadiense Noranda Mines. Este consorcio se propone dedicar 50 millones de dólares en cinco años a un programa de investigación y desarrollo sobre la exploración, la recolección y el tratamiento de los nódulos.
