Chile lidera en mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones

Chile lidera en mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones

Cada 19 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Ballenas, una fecha instaurada en 1980 por Greg Kauffman, fundador de la Pacific Whale Foundation. Inicialmente, el objetivo era generar conciencia sobre la amenaza de extinción que enfrentaban las ballenas jorobadas en las aguas de Maui, Hawái. Con el tiempo, la efeméride se ha transformado en una oportunidad para resaltar la relevancia de todas las especies de ballenas en los ecosistemas marinos y la necesidad urgente de su protección. Greenpeace Chile subraya la importancia de estos cetáceos para la salud de los océanos y la gravedad de las amenazas que enfrentan.

El impacto de las colisiones en la población de ballenas

Las ballenas cumplen un papel esencial en la estabilidad de los ecosistemas oceánicos, sin embargo, esto no las exime de los peligros que representan las actividades humanas. Un estudio reciente ha arrojado cifras preocupantes sobre una de las amenazas más comunes para estos mamíferos: el choque con embarcaciones. Según la investigación, el 28% de los varamientos registrados en las costas chilenas en los últimos 52 años (1972-2023) tienen como causa directa las colisiones con barcos.

Desde 2013, cuando comenzaron a realizarse autopsias sistemáticas en los cuerpos varados, se ha determinado que un promedio de cinco ballenas mueren cada año por este motivo, con una mayor incidencia entre los meses de enero y mayo. Estos datos posicionan a Chile como el país con el mayor número de muertes de cetáceos por colisiones a nivel mundial. Las especies más afectadas son las ballenas jorobadas, azules y sei, mientras que las regiones con mayor cantidad de casos registrados son Valparaíso, Coquimbo, Antofagasta, Los Lagos y Magallanes.

La protección de las ballenas: una tarea urgente

Chile enfrenta el reto de resguardar a estos animales, que no solo son fundamentales para la biodiversidad, sino que también contribuyen a la mitigación del cambio climático al almacenar grandes cantidades de carbono en sus cuerpos. Para ello, es esencial la aplicación efectiva de normativas como la Ley de Protección de Cetáceos y la Ley de Delitos Económicos y Medioambientales, con el fin de garantizar que las actividades humanas no comprometan la supervivencia de estos mamíferos.

Además, se deben implementar medidas concretas que reduzcan el impacto del tráfico marítimo en su hábitat, así como evitar la expansión de industrias altamente contaminantes. La salmonicultura en la Patagonia y proyectos mineros como Dominga en el norte son algunas de las actividades que ponen en riesgo los ecosistemas marinos donde habitan las ballenas y muchas otras especies.

Ballenas: clave para la estabilidad de los ecosistemas oceánicos

Las ballenas desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Su gran tamaño y dieta influyen en el ciclo de nutrientes, mientras que sus excrementos fomentan el crecimiento del fitoplancton, base de la cadena alimentaria oceánica. Al ser especies migratorias, también contribuyen a la distribución de nutrientes entre distintas regiones del mar.

Asimismo, las ballenas actúan como indicadores de la salud de los ecosistemas marinos, proporcionando señales tempranas sobre cambios ambientales que pueden afectar la biodiversidad. Por estas razones, su protección no solo es una cuestión de conservación de especies, sino también de equilibrio ecológico global.

Exigir medidas urgentes para su conservación

Las colisiones entre ballenas y embarcaciones representan una problemática global que ha alcanzado niveles alarmantes en Chile. Es imperativo que se adopten estrategias de mitigación para reducir estas muertes, como la regulación del tráfico marítimo en zonas críticas y la implementación de tecnologías de detección temprana para prevenir accidentes.

Desde sus inicios, Greenpeace Chile ha trabajado en la protección de las ballenas, una lucha que se intensificó con la prohibición de la caza comercial en 1986. Sin embargo, países como Japón, Islandia y Noruega han continuado la captura de cetáceos bajo el pretexto de programas científicos.

La protección de las ballenas es una responsabilidad compartida. Garantizar su supervivencia no solo beneficia a la biodiversidad marina, sino que también contribuye a la lucha contra el cambio climático y la preservación de los ecosistemas oceánicos.