El impacto social y ambiental de consumir salmón chileno

El impacto social y ambiental de consumir salmón chileno

En las últimas décadas, la industria del salmón chileno ha tenido un crecimiento notable. Tanto es así, que hoy en día Chile es el segundo mayor productor de este pescado en el mundo. Sin embargo, este desarrollo ha estado acompañado de serios problemas ambientales que han puesto en riesgo la biodiversidad de la Patagonia. 

De acuerdo con la Superintendencia del Medio Ambiente, se han registrado daños ecológicos en áreas protegidas como las reservas nacionales Las Guaitecas y Kawésqar. Los ecosistemas marinos y la biodiversidad de estos lugares ha sido impactada de forma irreversible por la sobreproducción y la contaminación que generan las salmoneras.

Y es que las prácticas intensivas de la industria salmonera llevan consigo un uso excesivo de antibióticos y condiciones de hacinamiento en sus centros de engorda. Esto no solo afecta la calidad del agua y a la fauna marina, sino que también genera preocupaciones sobre el bienestar de los animales de las zonas ocupadas por las empresas. 

El impacto ambiental del salmón chileno ha sido tan grande, que no ha pasado desapercibido para medios internacionales como The Washington Post, que ha recomendado evitar su consumo debido a los daños que causa en los ecosistemas marinos. Ante esta realidad, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile siguen abogando para que el gobierno chileno regule la actividad salmonera y fomente entre los ciudadanos alternativas más sostenibles para la producción de alimentos.

Los riesgos de la producción intensiva de salmón chileno

Durante la práctica de la salmonicultura, las jaulas de engorda generan desechos orgánicos que afectan los fondos marinos, alterando el equilibrio natural de los ecosistemas. Diversas investigaciones han demostrado que el exceso de materia orgánica reduce los niveles de oxígeno en el agua, afectando a las especies nativas y promoviendo la proliferación de algas tóxicas.

Un caso de este estilo sucedió en octubre de 2024, cuando dos ballenas jorobadas fueron encontradas muertas en áreas protegidas: una en la Reserva Nacional Kawésqar, cercana a los centros de cultivo de la empresa Australis Mar, y otra en el Parque Nacional Laguna San Rafael, próxima a instalaciones de Cooke Aquaculture.

Ese mismo año, la industria salmonera en Chile enfrentó múltiples acusaciones de incumplimientos ambientales. Un informe de Fundación Terram demostró casos de sobreproducción en reservas nacionales y la falta de sanciones por parte de las autoridades a cargo de controlarlas. 

Ni siquiera los empleados de las salmoneras se encuentran a salvo

Más allá del impacto ambiental, la industria del salmón chileno ha recibido denuncias por las precarias condiciones de trabajo que ofrecen a sus colaboradores. Entre 2013 y 2024, 80 trabajadores han perdido la vida en accidentes dentro del sector. ¡Esta cifra representa la más alta de mortalidad laboral en la salmonicultura en todo el mundo! 

Esto se debe a que el modelo de producción intensiva ha generado un aumento en la carga laboral, con turnos extensos y condiciones de trabajo poco seguras. La alta demanda del mercado internacional ha llevado a muchas empresas a operar bajo pésimas condiciones de seguridad, poniendo en riesgo la vida de sus trabajadores. 

A esto se suma la precarización laboral y la falta de representación sindical en muchas zonas productoras, lo que limita la capacidad de los empleados para exigir mejores condiciones. Para poner un freno a estos abusos, es necesario que se implementen regulaciones más estrictas, que protejan la integridad y el bienestar de quienes trabajan en esta actividad.

Los consumidores tienen el poder

Frente a esta crisis ambiental y social, organizaciones como Sinergia Animal convocan a los ciudadanos a optar por dietas vegetarianas para reducir la demanda de productos como el salmón de cultivo y proteger los ecosistemas patagónicos. 

Otro punto de debate tiene que ver con reconocer a los peces como seres sensibles, que pueden experimentar dolor, miedo y estrés, pero a menudo son tratados como productos.  Solo a través de un consumo más consciente será posible reducir, de una vez por todas, el impacto de esta industria en los animales, los ecosistemas y los seres humanos.