La acuicultura

La acuicultura

Algunas reservas de especies tradicionales, como los arenques y las sardinas, han sido pobremente explotadas por estar muy dispersas o ser demasiado heterogéneas como para interesar a los grandes pesqueros de altura, por lo cual quedan fuera del alcance de las tradicionales flotillas locales, como sucede con algunas reservas del archipiélago indonesio. Se conocen otras reservas poco explotadas en el Atlántico Sudoccidental, en el noroeste de Australia, en África Occidental y en América Central, que a menudo están alejadas de los principales centros de consumo. Sin embargo, la explotación de estas reservas implica una modernización de las técnicas de pesca e innovaciones en materia de comercialización y distribución, en la medida en que ciertas especies, como la de los cefalópodos (calamares)no resulten familiares al consumidor. Por fin, sería igualmente posible aumentar la producción de pescas con la captura de especies aún inexplotadas, como el krill del Antártico, un camarón minúsculo del que existen reservas de algunos centenares de toneladas, cuya producción ya han ensayado la URSS y el Japón. Sin embargo, las técnicas de explotación no están todavía a punto y es aún aleatorio el recibimiento del krill por parte de los consumidores occidentales.

Para atender el crecimiento previsible de la demanda de productos del mar debido al aumento de la población, es decir, para mantener un consumo per capita equivalente al de 1970, la producción pesquera debería aumentar de 7 a 9millones de toneladas desde aquí a 1980, y de 20 a 40 millones de toneladas desde aquí al año 2000. Acabamos de ver que la evolución parecía muy improbable. La acuicultura, es decir, la cría de animales en condiciones controladas, parece entonces el único medio para aumentar en el futuro la producción de los recursos biológicos de los océanos. En realidad, no se trata de algo nuevo. La cría de moluscos, o conquilocultura, es una actividad tradicional en numerosos países. La ostricultura existía ya en la antigua Roma y en la Galia y, por último, la cría de peces de mar se practica corrientemente en el Asia Sudoriental. Sin embargo, hasta el presente la producción de la acuacultura sigue siendo limitada y la explotación de los recursos alimentarios del mar proviene esencialmente de la pesca. En razón del estancamiento de las capturas y la sobreexplotación de numerosas reservas tradicionales de peces, desde hace algunos años la acuacultura ha sido motivo de un renovado interés. Aparecería, en efecto, como una etapa lógica en el desarrollo de la explotación de los recursos biológicos de los océanos y, así como en tierra la cría remplazó progresivamente a la caza, la acuacultura debería sustituir, poco a poco, a la pesca. Sin embargo, las perspectivas de un desarrollo a mediano término, no permiten justificar el optimismo que traduce el frecuente empleo de esta comparación.

PERSPECTIVAS ATRAYENTES

Los animales marinos presentan ciertas características que hacen muy atrayentes las perspectivas de su cría. Para empezar, son mejores “convertidores” de alimentos que los animales terrestres; la densidad de su cuerpo está muy cerca de la del medio en que viven, por lo cual deben consumir menos energía que los animales terrestres para soportar el peso de su cuerpo y desplazarse; su estructura ósea es, pues, reducida, y la proporción entre la carne y su peso total, considerablemente mayor en relación a los animales terrestres. Son, igualmente, animales de sangre fría. Su regulación térmica necesita muy poco consumo de energía y, por consiguiente, se la utiliza mejor en el crecimiento. La tasa de conversión de los animales marinos es también muy baja, del orden de 1,5 a 1 para ciertas especies; es decir, que necesitan 1,5 de unidad de alimento para producir una unidad de carne. A título de comparación, la tasa de conversión de los rumiantes terrestres es solamente de 6 a 1. Por otra parte, en el océano es posible utilizar las tres dimensiones del medio ambiente para la cría de animales marinos. Así se podría, por ejemplo, criar simultáneamente moluscos, crustáceos y diferentes especies de peces. La acuacultura permite considerar la posibilidad de obtener rendimientos muy superiores a los de la cría de animales terrestres. Se estima, por ejemplo, que una hectárea de océano podría producir varias toneladas de moluscos. En Japón, las técnicas de crías de ostras suspendidas de balsas permiten ya rendimientos anuales de 50 t por hectárea (si bien es cierto que un 70% de ellas son conchas).

Es cierto también que, como en tierra los terrenos no son todos propicios para la agricultura o la cría de animales, no toda la zona oceánica se prestara para la acuacultura. En realidad, la mayoría no son fértiles, demasiado frías o demasiado saladas. Sin embargo, existen 400millones de hectáreas de aguas costeras que podrían convenir a la acuacultura. Si solamente la décima parte se utilizara efectivamente con un rendimiento del orden de 2,5 t por hectárea, la producción acuácola alcanzaría 100 millones de toneladas, es decir, cerca del doble de la producción actual de las pesquerías marítimas del mundo. Por medio de una apropiada selección de las especies criadas, la acuacultura permitiría, además, una mejor adaptación cualitativa y cuantitativa de la oferta y la demanda de productos del mar en el tiempo y en el espacio y, por consiguiente, una reducción del derroche que, como vimos anteriormente, representa un porcentaje importante de las capturas de la pesca.