
Las perspectivas atractivas que para el futuro ofrece la acuacultura no deben ocultar en lo inmediato los serios problemas técnicos y económicos que amenazan limitar su desarrollo. En efecto, las especies susceptibles de ser criadas deben presentar una serie de características todavía difíciles de aunar. Primeramente, hay que tener sobre ellas ciertos conocimientos fundamentales, como sus necesidades alimentarias, velocidad de crecimiento, mecanismos de reproducción, tasa de conversión de alimentos, etcétera. Para poder disponer de alevinos en cantidades suficientes y en el instante requerido, se debe conocer a fondo su ciclo de reproducción. Además, la mayor parte de los animales marinos no se reproduce en cautividad si no se dan perfectamente las condiciones del medio natural.
Las especies escogidas deben poder criarse en cautividad y, muy a menudo, los fenómenos de comportamiento de los grupos difieren del comportamiento individual y son difíciles de prever. El canibalismo es bastante frecuente en la cría intensiva de ciertas especies como, por ejemplo, los bogavantes. Asimismo, deben tener buena resistencia a las enfermedades y a las modificaciones bruscas del ambiente. Para poder alimentarlos se requiere poner a punto alimentos artificiales apropiados. Por último, es necesario dominar los principales parámetros del ambiente marino: temperatura, salinidad, iluminación, tenores del oxígeno disuelto, es decir, poder reproducir al máximo, en cautividad, las condiciones del medio natural. Desde un punto de vista económico, las especies criadas deben tener un crecimiento bastante rápido, un coeficiente de trasformación interesante a partir de alimentos baratos e, igualmente, un elevado valor comercial.
En total, el número de especies marinas que pueden criarse en cautividad no pasa de veinte y muy a menudo el paso de la escala de laboratorio a la producción comercial sigue planteando problemas, aún no del todo resueltos. En los países industrializados, el desarrollo de la acuacultura puede tropezar con la dificultad, para las instalaciones acuácolas, de encontrar lugares disponibles en las zonas de los litorales, ya abarrotadas y contaminadas. Importantes esfuerzos se dedicaron recientemente a la acuacultura de los crustáceos, de valor elevado y cuyo consumo aumenta muy rápidamente. El ciclo biológico completo del bogavante pudo reproducirse en laboratorio en Estados Unidos, Japón y Francia. No obstante, su cría comercial no está prevista por el momento porque estos crustáceos tienen un crecimiento muy lento y deben ser alimentados durante varios años antes de alcanzar un tamaño comercial. A causa del costo de la alimentación, su precio de venta sería demasiado alto. Sin embargo, un rápido aumento en ese sentido podría, quizás, justificar su cría en los años venideros. Tampoco se prevé la cría de cangrejos debido a su bajo precio. Sin embargo, se ha ensayado la utilización de jóvenes bogavantes o cangrejos producidos en laboratorio para tratar de repoblar el medio natural. A causa de una enorme mortalidad, los ensayos realizados no resultaron concluyentes.
En lo que respecta a los camarones, la producción acuácola se limita todavía a la cría de ejemplares jóvenes capturados en el medio natural. La reproducción del ciclo completo de la vida se intentó con éxito en laboratorios de Japón, Francia y Estados Unidos para ciertas especies de camarones; pero el paso a la producción comercial se resolvió solamente en Japón. Si se excluyen los criaderos tradicionales del Asia Sudoriental, la cría de peces se limita al desove de salmones y pompanos en Estados Unidos, de seriolas en Japón y de anguilas en Franca donde se ha realizado con éxito la reproducción del besugo y del róbalo en medio ambiente artificial, pero todavía no están totalmente controladas las técnicas de la cría. El Instituto Oceanográfico de Woods Hole prosigue las investigaciones en laboratorio sobre las posibilidades de utilizar la polución urbana en las investigaciones acuácolas. Este proyecto consiste en “cultivar” en efluentes urbanos diluidos y tratados algas que sirven de alimento a ostras cuyos “residuos” son consumidos por gusanos de barro de los que se alimentan platijas. El principal objetivo de este original proyecto es la cría de ostras, pero permite también la producción de algas, gusanos y peces.
Otro proyecto original fue emprendido hace algunos años en las islas Vírgenes por el Lamont Doherty Geological Observatory y consiste en alimentar ostras por medio de elementos nutritivos contenidos en las aguas frías profundas que se bombean desde 800 m de profundidad. Los resultados obtenidos son alentadores, ya que la tasa de crecimiento de las ostras criadas por este medio fue, hasta el presente, cinco veces superior a la del medio natural. La acuacultura constituye la primera etapa de este proyecto que prevé igualmente la producción de energía y la utilización de las aguas frías profundas como fluido para sistemas de aire acondicionado. Nos referiremos al aspecto energético de este proyecto en el capítulo destinado a los océanos y la energía. Los esfuerzos emprendidos recientemente en numerosos países para desarrollar la acuacultura, permiten esperar que la cría de peces y crustáceos representará, dentro de algunos años, un importante aporte alimentario. Es probable, sin embargo, que la acuacultura sea solamente un complemento y no un sustituto de la pesca. Además, su verdadero potencial reside, no en el aumento de la producción de especies de lujo para las sociedades “sobrealimentadas”, sino en la posibilidad de producir masivamente proteínas baratas para los países mal nutridos. Tales perspectivas, desgraciadamente, parecen hoy muy lejanas.