
Desde hace quince años la producción de petróleo submarino es objeto de un desarrollo espectacular: mientras en 1960 llegaba nada más que a 100 millones de toneladas, en 1965 se acercaba a los 200 millones, para trasponer la cifra de 500 millones de toneladas en 1973, que representaba entonces el 18% de la producción mundial de petróleo. Desde los comienzos de la explotación comercial en 1947 frente a la Luisiana, se han extraído 2.000 millones de toneladas de petróleo de los fondos marinos. Hoy se explotan yacimientos frente a las costas de cuarenta países con más de 10.000 pozos submarinos en producción y se realizan explotaciones geológicas y geofísicas frente a las costas de un centenar de países.
En 1973 había más de 200 plataformas de perforación en actividad en el mundo, de las cuales cerca de la mitad estaba en América del Norte. Las compañías petroleras gastaron en ese mismo año alrededor de 7.000 millones de dólares en trabajos de exploración y producción y se perforaron 5.000 pozos nuevos. En cuanto al valor de los hidrocarburos extraídos del fondo del mar, superaba los 20.000 millones de dólares. La geografía de la explotación del petróleo fuera de costa se modificó sensiblemente. Hace diez años Estados Unidos y Venezuela proveían más de los tres cuartos de la producción mundial. Hoy, la primera región productora es el Medio Oriente, con cerca del 36% de la producción. Las provincias offshore* del golfo Pérsico, Venezuela y Estados Unidos producían las tres cuartas partes del petróleo submarino mundial en 1973.Sin embargo, en contra de la tendencia general, la producción norteamericana se estanca desde 1970, debido al progresivo agotamiento de los campos de California y de Luisiana descubiertos en la década del cincuenta, agotamiento que sólo fue parcialmente compensado por la reciente puesta en producción de nuevos yacimientos en Luisiana y Alaska. Por otra parte, esta declinación podría continuar durante bastante tiempo porque, por término medio, hacen falta tres años para poner en producción un yacimiento fuera de costa.
En los próximos años se modificará aún más el reparto geográfico de la producción, al iniciarse la explotación de importantes yacimientos descubiertos en el Mar del Norte. Mientras que hace diez años el primer pozo perforado resultó seco, hoy explora las riquezas de esta región una treintena de plataformas. Unos quince yacimientos importantes fueron descubiertos en la zona británica, ocho frente a Noruega y tres frente a Dinamarca, pero solamente dos, Ekofisk en Noruega y Danfield en Dinamarca, comenzaron a producir. La producción del Mar del Norte es todavía muy limitada, pero se estima que dentro de algunos años podría alcanzar la mitad de la producción norteamericana actual. Según estimaciones recientes, las reservas de Mar del Norte serían equivalentes a las de Estados Unidos excluida Alaska, lo que permitiría a Gran Bretaña convertirse en exportadora neta de petróleo a comienzos de la década próxima.
Asimismo, hace poco se realizaron perforaciones de exploración frente a las costas del mar de Iroise, en Bretaña.
UN PORVENIR LLENO DE PROMESAS
El futuro de la explotación del petróleo submarino parece extremadamente promisorio. En efecto, aunque la reciente crisis petrolera haya suscitado un considerable esfuerzo en la búsqueda de nuevas fuentes de energía, la proporción de petróleo en el consumo energético mundial seguirá siendo de alrededor del 50% en 1985 y del 40% en el año 2000. Si estas previsiones resultan exactas, habrá entonces que producir entre 3.500 y 5.000 millones de toneladas en el año 2000, lo que representa una producción total de 100.000 a 140.000 millones de toneladas en el trascurso de los próximos veinticinco años. Desde sus orígenes, la producción acumulada de petróleo llegó apenas a los 40.000millones de toneladas. Las reservas mundiales constatadas alcanzan actualmente a 90.000 millones de toneladas. En la medida en que las reservas de petróleo submarino representan alrededor del 20% de esas reservas, el desarrollo de la producción fuera de costa deberá continuar y aun ampliarse. Se estima que esta producción podría alcanzar los 1.000 millones de toneladas a comienzos de la década del 80, y representar la mitad de la producción mundial hacia fines de la próxima década.
El reparto geográfico de las reservas de petróleo fuera de costa es hoy el siguiente:
Europa 4,6%
América del Norte 15,8%
América del Sur 1,0%
África 6,4%
Medio Oriente 68,5%
Extremo Oriente 2,0%
Australasia 1,7%
Alrededor de los dos tercios de estas reservas se encuentran a menos de 40 millas de las costas y entre el 55 y el 70%, a menos de 200 m de profundidad. Los grandes fondos marinos tendrían solamente el 2% de las reservas. Sin embargo, estos cálculos deben considerarse como provisorios. A pesar de la importancia de los trabajos de explotación emprendidos en el trascurso de los últimos años, vastas regiones del mundo están aún inexploradas y la perforación en el mar se ha limitado hasta ahora a las plataformas continentales. Es, pues, probable que las reservas de petróleo submarino aumenten en lo futuro. La reciente crisis petrolera acentuó el interés por el desarrollo de los hidrocarburos submarinos. El aumento del precio del petróleo comenzó por mejorar las perspectivas de rentabilidad de numerosos yacimientos submarinos. La producción petrolera fuera de costa apareció, sobre todo, como un medio posible para numerosos países industrializados de desligarse en parte de las dificultades geopolíticas que pesan sobre sus aprovisionamientos energéticos, dificultades que el embargo petrolero puso claramente en evidencia. Así, en los Estados Unidos el gobierno federal decidió acelerar las ventas de concesiones petroleras fuera de las aguas territoriales norteamericanas. Mientras en el trascurso de los últimos veinte años se vendieron 3,6 millones de hectáreas de concesiones, en 1975 las ventas federales podrían alcanzar a 4 millones de hectáreas.