
Desde hace tiempo, entre los favoritos de la futurología oceánica figuran proyectos grandiosos como el endicamiento del estrecho de Bering. Proyectos menos ambiciosos y quizás más realistas se estudiaron recientemente en vistas a emplear la energía de las olas y de las corrientes. Así fue como un grupo de investigadores de la Universidad de Miami propuso utilizar la corriente de GulfStream frente a las costas de la Florida para poner en movimiento turbinas o “molinos de viento” submarinos. La energía potencial del GulfStream en esta región equivaldría a la de 25 centrales de 1.000 MW cada una. Según los autores del proyecto, el costo de la energía producida podría ser competitivo a partir de 1980. Sin embargo, su “factibilidad” técnica está aún lejos de ser efectiva. Hace algunos años se encaró igualmente la inmersión de turbinas en la corriente de Cromwell, en el Pacífico. La energía producida habría servido para bombear hasta la superficie aguas frías profundas, ricas en elementos nutritivos, con el fin de mejorar la productividad natural de esta región. Pero el proyecto fue rápidamente abandonado. Por último, se ha logrado manejar pequeños generadores por medio del movimiento de las olas. La potencia producida es evidentemente muy pequeña, de solamente. vatios, pero, sin embargo, suficiente como para hacer funcionar balizas luminosas para la navegación, por ejemplo.
Fue un físico francés, Jacques d’ Arsonval, quien, por primera vez, en 1881, tuvo la idea de utilizar la diferencia de temperatura que existe en los mares cálidos entre las aguas superficiales y las profundas para hacer funcionar una máquina térmica. Y fue igualmente un ingeniero francés, Georges Claude, quien durante la década de 1920 emprendió las primeras realizaciones concretas de esta idea. En 1928 logró hacer funcionar una turbina de vapor entre un evaporador alimentado por las aguas de enfriamiento de una fábrica siderúrgica en Bélgica y un condensador enfriado por las aguas del río Meuse. En 1930, Georges Claude intentó una primera experiencia en el ‘mar en la bahía de Matanzas, en Cuba. Bombeando el agua de enfriamiento desde la costa a partir de unos conductos sumergidos, una turbina pudo proveer una potencia de 22KW, dada una diferencia de temperatura de 14°C. Sin embargo, a causa de la energía exigida por el bombeo, la potencia útil entregada resultaba nula.
Georges Claude intentó en seguida la realización de una central flotante. Para el bombeo del agua fría utilizó un conducto suspendido de un flotador, en tanto que la central estaba a bordo de un buque de carga, pero la experiencia fracasó al hundirse el flotador y perderse el conducto. Más tarde el ingeniero francés concibió los planes de una usina que funcionaría con el mismo principio del gradiente térmico. Esta usina, con una potencia de 40.000 KW, debía construirse en Abidjan. Por razones de economía el proyecto fue reducido a una usina de 5.000KW. Para realizarlo, se creó una sociedad, la Sociedad Energía de los Mares. Pero desgraciadamente los primeros ensayos de instalación de canalizaciones resultaron un fracaso. Mientras tanto, se decidió construir, no lejos de Abidjan, un dique y una usina hidroeléctrica y el proyecto de Georges Claude se abandonó, entonces, definitivamente. En 1958 se emprendieron estudios para construir una usina similar en Guadalupe, pero las previsiones económicas efectuadas no justificaron la prosecución del proyecto. Sólo después de algunos años comenzaron a reconsiderarse, en particular en Francia y en los Estados Unidos, los proyectos de explotación de la energía térmica de los mares, realizándose estudios para resolver los problemas técnicos y precisar las condiciones de rentabilidad económica de esta explotación.
Una primera dificultad técnica reside en el hecho de que, a pesar de los progresos de la tecnología marina, la construcción y la instalación de tuberías de diámetro importante y de una longitud de varios centenares de metros, son aún operaciones difíciles. Sin embargo, estos problemas se reducirían en el caso de instalaciones flotantes, hacia las cuales se orientan actualmente las investigaciones. El bombeo de agua fría en cantidades muy grandes es igualmente difícil, tanto en el plano técnico como en el económico, desde el momento en que la rentabilidad de una instalación exige que la energía usada para el bombeo no sea desproporcionada en relación a la energía que podría producirse, problema que Georges Claude enfrentó durante sus experiencias en Cuba.
Por otra parte, en función de las leyes de la termodinámica, los rendimientos que pueden esperarse de una instalación que funciona según el principio del gradiente térmico son sumamente pequeños, del orden del 3 al 4%, en razón de las escasas diferencias de temperatura disponibles. A título de comparación, el rendimiento de las centrales térmicas es de alrededor del 30 al 40%. También a causa de las temperaturas disponibles es difícil utilizar el agua como fluido de trabajo puesto que su ebullición a temperaturas del orden de los 25°C requiere presiones muy bajas, lo que resulta técnica y económicamente poco atrayente. Es por eso que actualmente se encara la utilización del amoníaco o del propano que permiten obtener, a las temperaturas disponibles, una tensión de vapor superior a la del agua para poner la turbina en movimiento. El empleo de un fluido intermediario que pueda mezclarse con el agua necesita, sin embargo, el uso de intercambiadores de superficie cuya tecnología no está aún a punto y requieren un alto costo.
Por último, y sobre todo, la explotación de la energía térmica presenta los mismos inconvenientes que la energía mareomotriz, a saber, que en el mundo no hay sino un número limitado de lugares donde existe una importante diferencia de temperatura entre las aguas de superficie y las profundas, sin que sea necesario extraer las aguas frías de profundidades demasiado grandes. La mayor parte de los lugares disponibles están en general alejados de los principales centros de consumo, ya se trate de África o de América del Sur, ya de la Polinesia o el Caribe, lo cual plantea un problema económico de trasporte y distribución de la energía producida.