
La evolución de los programas oceanológicos durante los últimos años se caracterizó por un rápido aumento de los créditos que le fueron otorgados, una marcada declinación por parte de la oceanología militar y la prioridad dada a la valorización de los recursos de los océanos y a la protección del ambiente marino. Así, en los Estados Unidos el presupuesto federal de las ciencias marinas pasó de 438 millones de dólares en 1967 a cerca de 800 millones en 1975. Se ha, pues, casi duplicado, mientras que en el mismo período el presupuesto total de la investigación creció solamente en un 25%. Sin embargo, la oceanología representa apenas un poco más del 2% del presupuesto federal y menos del 5% del presupuesto dedicado a la investigación. La parte de la oceanografía militar, que representaba un 63% del presupuesto oceanológico, queda reducida a un 30% en 1975. En lo que concierne al reparto de créditos por grandes programas, 26 durante el mismo período, los afectados a los recursos minerales se duplicaron y los de la organización económica del litoral se han quintuplicado. La importancia creciente de estos últimos refleja el aumento en la preocupación de la opinión pública por la preservación del ambiente marino.
EL GRAN GIRO DE LOS AÑOS SESENTA
Varios países, preocupados por aumentar los límites de la ciencia y la tecnología marina y también por desarrollar el potencial económico de los océanos, emprendieron hacia fines de la década del sesenta la definición de las políticas de valorización de los recursos oceánicos. La puesta en práctica de estas políticas fue ayudada por el impulso notable que la ciencia y la técnica tuvieron durante la década precedente y del cual el espacio fue el catalizador.
Estas políticas difieren a veces en su contenido, pero, en general, descansan sobre dos principios elaborados a partir de dos constataciones.
1) los presupuestos destinados a la oceanografía resultaban hasta entonces limitados, por lo que era necesario aceptar esfuerzos financieros más importantes en ese campo y
2) los programas oceanográficos habían sido hasta entonces dispersos, por lo que convenía reagruparlos y coordinarlos dentro del marco de los programas nacionales.
Dos acontecimientos marcaron este importante giro: en los Estados Unidos, la votación en 1966 de la Marine Resources and Engineering Development Act* y, en Francia, la creación en 1967 del Centro Nacional para la Explotación de los Océanos.
LA DECEPCION DE LOS AÑOS SETENTA
El favor obtenido por la oceanología en numerosos países hacia el fin de la década del sesenta provocó grandes esperanzas entre la comunidad oceanográfica internacional que hasta entonces se había sentido descuidada en relación con otros sectores de la investigación y el desarrollo. La oceanología formaba parte de lo que se llamaba sectores de punta y se predecía un desafío oceánico que relevaría el desafío espacial lanzado por los soviéticos en agosto de 1957 por la puesta en órbita del Sputnik, aceptado por los Estados Unidos como un reto político con el programa Apolo. Sin embargo, por falta de un sputnik oceánico, la epopeya oceanológica aún no tuvo lugar.
La mayoría de los gobiernos se mostraron reticentes a lanzarse a programas oceanográficos de gran amplitud cuyas justificaciones económicas estaban muy a menudo ausentes y que, contrariamente a los programas espaciales, no parecían constituir una fuente de prestigio político. Temieron, igualmente, enfrentarse con problemas de reconversión similares a los de la conquista espacial, y de los cuales la NASA y el programa Apolo son el mejor ejemplo.
Por otra parte, hacia el final de la década del sesenta, la opinión pública comenzó a manifestar un desinterés creciente hacia la “investigación por la investigación misma”, y estimó que los esfuerzos científicos y técnicos debían orientarse prioritariamente hacia la solución de los problemas planteados por la sociedad moderna, como la contaminación. Este cambio provocó una verdadera recesión de la investigación y el desarrollo. Mientras que en 1967 el presupuesto para la investigación representaba en Estados Unidos el 3% del PBN* y el 13% del presupuesto federal, en 1973 llegaba apenas al 2,5% del PBN y al 7% del presupuesto federal. Vista esta evolución general, el desarrollo de la oceanografía fue, sin duda, más lento que lo previsto, pero ciertamente mucho más rápido que el de otros sectores de la investigación, en razón de las posibles ganancias económicas que representan los recursos oceánicos por lo que hay, además, muchas posibilidades de prosecución.
EL CENTRO NACIONAL PARA LA EXPLOTACION DE LOS OCEANOS
“Con el fin de dar impulso a las acciones que se deban cumplir en el campo de la oceanología francesa y coordinar el desarrollo”, Francia creó en enero de 1967 un organismo original, el Centro Nacional para la Explotación de los Océanos (CNEXO). Hasta la creación del CNEXO, los créditos afectados a la investigación oceanográfica se partían entre un centenar de laboratorios, centros o servicios, pero pronto se hizo evidente que, sin un esfuerzo de concentración de los medios y coordinación de los programas, los resultados obtenidos serían limitados. El CNEXO, establecimiento público de carácter industrial y comercial, desde 1969 bajo la autoridad del ministro de Industria, tiene por finalidad “en unión con los ministerios y las empresas públicas y privadas desarrollar el conocimiento de los océanos. Crea y dirige los equipos pesados de interés general y es consultado sobre la política de cooperación internacional”. La primera tarea de CNEXO fue establecer en 1968 un programa de orientación, el “Programa Océano”, articulado alrededor de cinco grandes temas: la explotación de la materia viva, la explotación de los materiales minerales y fósiles, el reconocimiento y arreglo del margen continental y del litoral, la lucha contra la contaminación y la acción del océano sobre las condiciones meteorológicas y climáticas. Los objetivos de estos programas se cumplen principalmente por intermedio de contratos firmados con organismos públicos, universidades y sociedades industriales. El CNEXO creó, igualmente, dos centros de investigación en Brest y Tahití y un centro logístico en Tolón. Desde 1967, su presupuesto sufrió un rápido aumento alcanzando en 1974 a 145 millones de francos, algo más de la mitad del presupuesto oceanológico francés.
