LA EXPLOTACIÓN DE LOS OCÉANOS

LA EXPLOTACIÓN DE LOS OCÉANOS

El mar ofrece al hombre alimentación, materias primas y energía; es también una vía de comunicación, un espacio estratégico y una fuente de placeres. Por fin, es el último receptáculo de los desechos de la civilización industrial. La explotación de los océanos no es una novedad. Sin embargo, sólo desde hace diez años comenzaron a evaluarse sistemáticamente los recursos oceánicos. De esta forma, la explotación de los océanos se diversifica considerablemente e igualmente cambió de escala; su desarrollo se hizo espectacular desde muchos puntos de vista. Pero este desarrollo sigue siempre desigual y su progreso aparece limitado por trabas técnicas, económicas y políticas.

UN BALANCE DESIGUAL DE LA EXPLOTACIÓN DE LOS OCÉANOS

Si se tiene en cuenta, sobre todo, el carácter muy reciente de la mayoría de los desarrollos oceanológicos, el balance de la explotación de los océanos resulta ya impresionante. Sin embargo, y desde ciertos puntos de vista, este balance es desigual. Hasta el presente la explotación de los océanos quedó limitada a las plataformas continentales que representan apenas un 10% de la superficie de los fondos marinos y de las que proviene lo esencial de los recursos explotados. De hecho, la mayoría de las operaciones de explotación tiene lugar en las proximidades de las costas y a profundidades relativamente pequeñas. En los años futuros se asistirá, sin duda, a un desplazamiento de las actividades oceanológicas hacia profundidades mayores, especialmente por la explotación efectiva de yacimientos petrolíferos profundos y la igualmente probable iniciación de la explotación de nódulos polimetálicos de las grandes profundidades. Sin embargo, la explotación de los océanos quedará en su mayor parte concentrada en las plataformas continentales, por razones técnicas y económicas. Según los recursos considerados, el balance de la explotación de los océanos es igualmente desigual. La pesca constituyó, durante mucho tiempo, lo esencial del “total de ventas” de la oceanología. Sin embargo, desde hace unos quince años, el desarrollo de la explotación de petróleo submarino fue muy rápido y por primera vez, en 1973, el valor de la producción petrolera submarina superó al de las pescas marítimas.

En conjunto, la pesca y el petróleo representan más del 90% del valor de los recursos oceánicos actualmente explotados. Por otro lado, la mayor parte de los gastos del sector de la oceanología está directa o indirectamente ligada a la industria petrolífera offshore. Fuera de la pesca y del petróleo, la explotación de los océanos está aún poco desarrollada y en lo futuro deberá concentrarse principalmente en estos dos sectores. Únicamente la explotación de los nódulos podrá, a mediano plazo, representar un desarrollo importante. Sin embargo, sólo dentro de algunos años podrá alcanzar una escala comparable a la de la pesca o el petróleo. Por último, la explotación de los océanos sigue siendo muy desigual según los países. En efecto, aparte quizás de la pesca, ella exige conocimientos científicos, un dominio tecnológico y recursos financieros que solamente están al alcance de un pequeño número de países desarrollados entre los que los EE.UU. Francia, Japón y, en menor medida, la URSS, son líderes indiscutidos.

A pesar de los progresos espectaculares recientemente obtenidos, la explotación de los océanos es aún balbuceante. En efecto, ellos contienen inmensas riquezas cuyo potencial apenas ha comenzado a explotarse. En el dominio de los recursos oceánicos, La unidad de medida es el millar de millones: miles de millones de toneladas de petróleo, miles de millones de metros cúbicos de gas natural o miles de millones de toneladas de nódulos. Las cifras que se adelantan son a veces impresionantes; sin embargo, debe interpretarlas con mucha prudencia. Está lejos de haber terminado el inventario de las riquezas de los océanos, y las estimaciones que a ellas conciernen son en su mayoría extrapolaciones que parten de datos todavía muy parciales que, de hecho, pueden quedar sujetas a revisión. Es así como el Geological Survey de los EE.UU. debió recientemente revisar sus apreciaciones sobre las reservas de hidrocarburos submarinos de la costa atlántica de ese país: las reservas de petróleo disminuyeron súbitamente en un 400%, y las de gas en más de la mitad. En materia de recursos oceánicos, debe tomarse en consideración el orden de magnitudes más que las cifras precisas. Por otra parte, la existencia de estas riquezas no implica siempre la posibilidad de su explotación.