LOS PROBLEMAS DE LA SOBREEXPLOTACION DEL OCEANO

LOS PROBLEMAS DE LA SOBREEXPLOTACION DEL OCEANO

Hasta el presente, el esfuerzo de la pesca se dirigió a un número limitado de reservas tradicionales que, en virtud del principio de libre acceso a los recursos, han sido objeto de una competencia incontrolada entre los países pesqueros. Estas reservas fueron, en su mayoría, sobreexplotadas, es decir, que las extracciones resultaron superiores a su capacidad de renovación con lo cual, no solamente se han consumido las ganancias, sino que el capital mismo mermó con la consecuencia de una baja constante de los rendimientos, una competencia intensificada y una multiplicación de los conflictos: en el Atlántico Norte entre Gran Bretaña e Islandia, que decidió extender sus aguas territoriales a 50 millas y luego a 200; en los EE.UU., donde la sobreexplotación de las reservas por las flotas ultramodernas rusas y japonesas llevó al Congreso a encarar la extensión a 200 millas de la zona de pesca exclusivamente norteamericana y, por último, en la costa oeste de la América latina, donde Ecuador y Perú detienen muy a menudo barcos de pesca extranjeros imponiéndoles multas cada vez más elevadas. Sin embargo, paradójicamente, desde hace varios años se ha desarrollado la cooperación internacional en el campo de las pesquerías.

LOS LIMITES DE LA COOPERACION INTERNACIONAL

Actualmente existe una treintena de comisiones internacionales y otros tantos acuerdos, tratados o convenciones que conciernen a la pesca. Desgraciadamente, su eficacia no está de acuerdo con su número. La mayoría de estas instancias internacionales son solamente consultivas y sus recomendaciones no obligatorias. En cuanto a los acuerdos, a menudo resultan muy parciales, no conciernen más que a un pequeño número de países, zonas de pesca determinadas y reservas particulares. Las funciones de las organizaciones internacionales de pesca pueden ordenarse en tres categorías: algunas, como el Consejo Internacional para el Estudio del Mar (CIEM) o la Comisión Internacional para el Estudio Científico del Mediterráneo (CIESM), se dedican al estudio científico de las reservas de peces. Otras, se preocupan por la conservación de reservas particulares y la protección de especies en peligro, dentro del marco de acuerdos regionales o internacionales, bilaterales o multilaterales.

Las medidas de conservación se refieren a la restricción de la duración del tiempo de pesca o la naturaleza de los equipos utilizados, pero no comprenden la fijación de cuotas. Entre estas organizaciones se destaca la Comisión Internacional de las Pescas del Atlántico Noroeste (ICNAF). Por último, ciertas comisiones, como la Internacional de la Ballena, tienen la posibilidad de fijar cuotas que, por otra parte, no siempre se respetan. Entre las convenciones adoptadas en Ginebra en 1958 figuraba la relativa a la Conservación de los Recursos Biológicos de los Océanos, que establecía un cierto número de principios relativos a la administración de las pesquerías marítimas, cuyo alcance resultó muy limitado, puesto que los principales países pesqueros, como Japón, la URSS y Perú, no lo firmaron.

La administración de los recursos biológicos de los océanos figuraba igualmente en el orden del día de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Derecho Marítimo. Después de las sesiones de Caracas y Ginebra, no se logró todavía ningún acuerdo sobre este punto. El futuro de la pesca dependerá, sin embargo, de la cooperación internacional que podrá establecerse en vista a una administración racional de las reservas tradicionales de peces. A menudo se ha comparado la evolución reciente de la pesca con la de los bienes comunales cuyo libre acceso significó el rápido agotamiento de las pasturas. Sin un cambio institucional radical, también los recursos alimenticios de los océanos corren el riesgo de agotarse rápidamente. Podría igualmente agregarse que, si a breve plazo no se toman medidas eficaces para detener la polución, los océanos corren el riesgo cierto de transformarse en un desierto biológico.

LAS LAGUNAS CIENTIFICAS

Desde hace algunos años es de buen tono sostener que la mayoría de los problemas que plantea la administración de los recursos biológicos de los océanos son institucionales más que científicos. Ciertamente aquéllos son primordiales, pero hay que reconocer que la base científica resulta a veces insuficiente para resolver los complejos problemas de la pesca. A este respecto, el ejemplo de las anchoas del Perú es muy ilustrativo. Estrechamente controlada por el gobierno peruano, la pesca de las anchoas no tiene, por así decir, problemas institucionales. Sin embargo, periódicamente, más o menos cada diez años, un cambio de los vientos y las corrientes ocasionan un calentamiento de las aguas superficiales y una disminución de la producción del fitoplancton que constituye el alimento básico de las anchoas. Este fenómeno, llamado El Niño, produce una desaparición de las reservas de anchoas. En 1972, El Niño volvió a causar estragos, pero, contrariamente a lo que pasaba antes, la población de anchoas se restablece muy lentamente, sin que se sepa muy bien por qué. Ahora bien, la pesca de anchoas en el Perú es la más importante del mundo, con una producción de más de 10 millones de toneladas anuales en períodos normales. Si puede esperarse todavía que la Conferencia sobre Derecho Marítimo permita atacar mejor los problemas institucionales, siguen siendo necesarios los progresos científicos, especialmente en materia de dinámica de las poblaciones, para administrar óptimamente los recursos alimenticios de los océanos, de los que ahora se sabe que son limitados.