
Aunque la evolución reciente de la pesca pudiera conducir a cierto pesimismo, existen para el mediano plazo remedios que, teóricamente, podrían permitir no solamente el mantenimiento, sino aun acrecentar la producción de alimentos de los océanos. Conviene, sin embargo, distinguir entre las reservas tradicionales, cuyas perspectivas futuras son poco alentadoras, y las reservas de especies menos conocidas cuya explotación podría encararse. Hemos visto que, en lo que concierne a las reservas tradicionales, su producción podrá difícilmente aumentar, en ausencia de un esfuerzo particular de cooperación internacional y que, aun así, será difícil mantener la producción existente, de la cual, sin embargo, podría obtenerse un mayor provecho.
LA REDUCCION DEL DERROCHE
Los modos de utilizar la producción actual de las pesquerías son susceptibles de numerosas mejoras. Una parte importante de las capturas está constituida por pescados de desecho que son devueltos al mar, ya sea por su tamaño pequeño o porque pertenecen a especies no comerciables. Otra parte se pierde por falta de conservación o a causa de las operaciones de presentación (cabezas y vísceras, por ejemplo). Se estima, así, en un 15 a 30%, según los países, el volumen de capturas que se derrochan de este modo. Sin duda, este derroche podría reducirse por una mejora en los métodos de conservación y almacenaje, así como también podría tratar de encontrarse utilización para los pescados de desecho por medio de técnicas de trasformación y valorización de los subproductos.
Por otra parte, hemos visto que un tercio de las presas se emplea en la fabricación de aceites y harinas de pescado y que esas proteínas sirven para alimentar ganado y aves, es decir, producir otras proteínas. Esta utilización no es totalmente criticable porque consiste en trasformar proteínas muy baratas en otras de precio más alto. Sin embargo, es cierto que, por medio de un esfuerzo de trasformación y de comercialización, al mismo tiempo que un esfuerzo de información del consumidor, muchas especies comestibles podrían consumirse directamente. Además, ciertas especies no consumidas localmente son, por lo contrario, apreciadas en otros mercados por lo cual podrían exportarse, permitiendo así a algunos países reducir el déficit de su balanza comercial de productos del mar. Es así como los Estados Unidos tratan desde hace algunos años de alentar la exportación de algunas especies como el calamar hacia el Japón, donde son muy buscados.
Por último, actualmente puede obtenerse a partir de especies no comerciables y desechos de peces, concentrados de proteínas inodoras e insaboras que pueden incorporarse a otros alimentos, como pan o bizcochos, destinados al consumo humano. Sin embargo, el desarrollo de estos concentrados de proteínas de pescado, llamados corrientemente FPC, ha tropezado con problemas de comercialización y una reticencia por parte de los consumidores. No obstante, el FPC podría constituir un importante aporte de proteínas en las poblaciones que sufren de desnutrición. Es, entonces, posible considerar un mejor empleo de la producción alimenticia de los océanos, producción que es, sin embargo, limitada, por lo cual se estudia desde hace algunos años la posibilidad de aumentar sensiblemente los tonelajes de pescados.
Paradójicamente, la sobreexplotación de las reservas tradicionales de pesca va, de hecho, acompañada por una subexplotación global de la materia viva de los océanos que se estima corrientemente entre 100.000 y 200.000 millones de toneladas. Lo esencial de esta producción está constituido por algas microscópicas, el fitoplancton, que constituyen el alimento de pequeños crustáceos y larvas que forman el primer escalón herbívoro. Estos herbívoros a su vez son consumidos por un primer nivel de carnívoros muy pequeños de alrededor de 1 cm, a su vez consumidos por un nivel de carnívoros compuesto por animales de 10 a 20 cm que, a su vez, sirven de alimento a los peces grandes. El conjunto de estos niveles constituye la pirámide alimentaria, o cadena alimentaria. Los rendimientos en cada nivel de la cadena alimentaria de los océanos son muy pequeños, del orden del 10%; es decir, que el 90% de la producción no alcanza el nivel superior. En otras palabras: hacen falta 1.000 toneladas de plancton para producir 100 t de anchoas, 100 t de anchoas para producir 10 t de bonito y 10 t de bonito para lograr 1 t de atún. En definitiva, se necesitan 1.000 t de plancton para obtener 1 t de atún.
A pesar de la pobreza de los rendimientos de la cadena alimentaria marina y aunque ésta esté compuesta en su mayor parte por organismos minúsculos dispersos en millones de metros cúbicos de agua, lo que impide considerar técnica y económicamente su producción hay especies explotables a ciertos niveles de la cadena alimentaria. De 25.000 especies que se supone que existen, actualmente se explotan solamente 500 y se estima que el potencial de la pesca es bastante superior a la producción actual, alrededor del orden de 100 a 200 millones de toneladas contra 55 millones obtenidos en 1973; sin embargo, las posibilidades de aumento del tonelaje pescado son muy distintas según las especies que se consideren. Las más caras y apreciadas en los mercados, como el salmón, el atún y los peces planos son carnívoros ubicados en la cima de la cadena alimentaria. Hay pocos en los océanos y las reservas de estas especies ha sido, en su mayoría, plenamente explotadas. En cambio, en los niveles inferiores de la cadena alimentaria existen especies poco explotadas hasta ahora, y aún inexplotadas.
