
La Tierra es, pues, esencialmente un “planeta mar” salpicado de masas continentales. Sin embargo, fuera de las actividades tradicionales como la pesca y el trasporte marítimo, el hombre se ha vuelto siempre hacia ella para encontrar los recursos necesarios para su subsistencia. Los recursos terrestres que por otra parte se creían inagotables parecían, en efecto, más accesibles que los oceánicos, cuya existencia fue por mucho tiempo insospechada. Por lo contrario, desde hace una veintena de años los océanos han suscitado un nuevo interés por la influencia de dos fenómenos: los progresos de la ciencia y la tecnología han permitido levantar un inventario de los recursos oceánicos y emprender o proyectar su explotación. Además, la rápida evolución de la población mundial y del consumo de productos básicos creó una demanda potencial de los recursos oceánicos. La población mundial pasará de 4 mil millones de habitantes en 1975 a 6 o 7 mil millones en el año 2000, agravando la presión sobre los recursos terrestres, presión que no ha hecho sino acentuarse en el trascurso de los últimos años. Así es como la humanidad consumió en treinta años más energía que desde sus orígenes hasta 1940; de aquí hasta el año 2000el consumo mundial de energía podría duplicarse o triplicarse. La demanda de productos minerales aumenta de un 4 a un 5%, lo que significa que se triplicará durante los próximos veinticinco años si la tendencia actual se mantiene. En cuanto a la producción de alimentos, es ya insuficiente y mil millones de personas sufren hoy de subalimentación o desnutrición. Los océanos aparecen, así como la “última frontera” y los recursos oceánicos, la última posibilidad de resolver, al menos parcialmente, los problemas de abastecimiento de alimentos, de materias primas y de energía a los que la humanidad se verá, de más en más, enfrentada. Esta toma de conciencia suscitó un desarrollo rápido de la oceanología, de la que intentaremos ahora trazar sus principales etapas.
LOS ORIGENES DE LA OCEANOGRAFIA
La oceanografía tiene orígenes muy antiguos que, a veces, se hacen remontar hasta Aristóteles, puesto que entre las obras del ilustre filósofo figura lo que podría llamarse un tratado de biología marina; o hasta Alejandro el Grande quien, a bordo de su tonel de vidrio, fue probablemente el primer acuanauta. Pero, aparte de algunos estudios o experiencias emprendidos por sabios esclarecidos pero aislados en el trascurso de los siglos, la oceanografía ha permanecido balbuceante durante mucho tiempo. No fue la curiosidad científica sino el deseo de conquistas y la necesidad económica los que incitaron en un principio a los hombres a recorrer los océanos. Los imperativos de la navegación fueron el origen de su estudio, y los primeros datos sistemáticamente registrados fueron los de los vientos y las corrientes para mejorar la rapidez y la seguridad del trasporte marítimo. Por ello, durante mucho tiempo, la historia de la oceanografía se confunde con la de la navegación. Sólo a partir del siglo XVIII empieza a desarrollarse realmente el interés por el conocimiento de los océanos.
Fue en esta época, en efecto, cuando las potencias europeas comenzaron a explorar sistemáticamente el mundo en búsqueda de nuevas fuentes de materias primas y de nuevos mercados para los productos que fabricaban. Con el fin de ayudar a los mercaderes e incitarlos a aventurarse en los territorios recientemente abiertos al comercio, numerosos países crearon oficinas o servicios hidrográficos que tenían por misión levantar cartas náuticas y compilar, para el uso de aquellos pioneros, informaciones relativas a la navegación. Algunas veces participaban científicos en las expediciones emprendidas con aquel fin. Se trataba, frecuentemente, de médicos navales o sabios invitados por el comandante que, en general, no tenían ninguna influencia sobre la elección de las rutas que seguía el buque o los equipos científicos embarcados que, por otra parte, eran muy rudimentarios. Aunque limitados, sus observaciones y trabajos permitieron, sin embargo, a la oceanografía conocer un primer desarrollo. Paralelamente, por la misma época, se multiplicaron los estudios emprendidos desde la costa. Así, en 1776, Lavoisier publicaba un análisis químico del agua de mar, Laplace elaboraba una explicación de las mareas y Coriolis describía la fuerza que recibió su nombre. La colocación de los primeros cables submarinos, al principio en proximidad de las costas y luego hacia la mitad del siglo XIX a través de los océanos, exigió conocimientos más precisos de la topografía de los fondos marinos, así como cartas náuticas más detalladas. Se organizaron, entonces, nuevas campañas que permitieron completar y desarrollar el conocimiento del océano. Los equipos se perfeccionaban y se ofrecían apoyos financieros: estaba por nacer la oceanografía moderna. Se acostumbra a fijar como fecha de ese nacimiento la expedición del buque HMS Challenger.
LA EXPEDICION DEL»CHALLENGER»
El HMS Challenger, corbeta británica trasformada en oceanográfico, zarpó de Inglaterra el 21 de diciembre de 1872. En tres años recorrería 69.000 millas sobre los siete mares. Durante esta expedición, financiada por el gobierno británico, el Challenger operó en 360estaciones, realizándose innumerables mediciones; se obtuvieron además numerosas muestras y se registraron diferentes observaciones. El buque regresó a puerto el 24 de mayo de 1876 y los resultados de la campaña se publicaron en 50 volúmenes. Entre los más notables figuran el descubrimiento de más de 4.000 especies marinas y la obtención de los primeros nódulos polimetálicos de las grandes profundidades, que un siglo más tarde alcanzarían una cierta celebridad. La campaña del Challenger marcó un giro importante en la historia de la oceanografía que, hasta entonces, se había limitado, esencialmente, a la superficie de los océanos y a las costas que los bordean. Por lo contrario, la expedición del Challenger fue la primera tentativa de exploración científica de los fondos marinos que no se limitó, como anteriormente, al solo aspecto de la búsqueda, sino que fue concebida como una verdadera campaña pluridisciplinaria, tanto por la composición de su plana mayor científica como por la diversidad de los equipos embarcados.
