DE LA OCEANOGRAFIA A LA OCEANOLOGIA

DE LA OCEANOGRAFIA A LA OCEANOLOGIA

Cuando se trazó la carta deI mundo, hace unos cuatrocientos años, dividió en dos partes iguales las tierras y los mares, omitiendo, así, representar algunos millones de kilómetros cuadrados de océanos.

EL»PLANETA MAR»

Los océanos, con una superficie de 360 millones de kilómetros cuadrados representan, en efecto, un poco más del 70% de la superficie del globo terrestre, del cual recubren los cuatro quintos del hemisferio Sur y más de los tres quintos del hemisferio Norte. Las aguas oceánicas ocupan un volumen de 1.350 millones de kilómetros cúbicos, o sea el 85% del volumen de las aguas terrestres. La profundidad media es del orden de los 4.000 m. En cuanto a los fondos marinos, se componen de dos partes bien diferenciadas: la plataforma continental y las profundidades abisales. La plataforma continental es una zona de poca profundidad, con una media de alrededor de ISO m. que las tierras emergentes y de las que constituye su prolongación submarina. Su existencia varía desde algunos metros hasta 1.500 km, con une media de 78 km. Esta plataforma comprende una pendiente, cuya inclinación es bastante suave, y un talud más abrupto que se sumerge en las profundidades abisales. La superficie de las plataformas continentales representa el 7,59 o de la superficie de los océanos y el 20% de la superficie de las tierras emergentes, es decir, aproximadamente la superficie de Europa y América del Sur. Esta zona reviste una particular importancia porque es allí donde se concentra, hasta el presente, la explotación de los recursos oceánicos. Por otra parte, la noción jurídica de plataforma continental sirvió de base durante cerca de veinte años al Derecho Marítimo. Más allá de la plataforma continental se extienden las profundidades abisales, cuyo relieve es muy variado y comprende vastas planicies, cadenas de montañas, cañones y abismos cuya profundidad puede llegar a los 12.000 m.

EL OCEANO ESTRATEGICO

Después del Challenger se multiplicaron las campañas oceanográficas y se crearon numerosos centros de investigación. La oceanografía comenzó, entonces, a convertirse en objeto de enseñanza. Su desarrollo continuó a principios del siglo XX, extendiéndose su orientación de la Física a la Biología. Aní, en 1902 Le creaba el Consejo Internacional de las Uniones Científicas, uno de cuyos objetivos era el de beneficiar la pesca con los resultados de las investigaciones oceanográficas. La Segunda Guerra Mundial cambió considerablemente la escala y el alcance de esta ciencia, todavía nueva. Hasta entonces, el desarrollo de la investigación oceanográfica, aunque regular, había sido lento, y la curiosidad científica era su justificación principal.

A partir de la guerra, el interés por la oceanografía estaría motivado por razones estratégicas y suscitaría rápidos progresos en la esfera de la física y más particularmente de la acústica, ya que los estudios de la propagación del sonido en el agua eran un factor esencial en la lucha submarina. Los imperativos del conflicto determinaron, igualmente, importantes progresos en el campo del buceo. Después de la guerra, el desarrollo de la investigación oceanográfica quedó estrechamente ligado a las necesidades de la defensa nacional. Dada la importancia de los submarinos porta misiles nucleares en las estrategias militares modernas, la oceanografía se ha visto beneficiada por créditos en progresión constante y, hasta una época reciente, resultó preponderante el financiamiento de la investigación oceanográfica en los presupuestos militares de la mayoría de los países desarrollados. La oceanografía militar se ha trasformado así en un poderoso motor de la investigación oceanográfica, convirtiéndose, igualmente, en el origen de la mayor parte de los progresos alcanzados en el campo de la tecnología submarina.

Por lo contrario, a partir de la década del sesenta, serán razones económicas las que motiven el interés dirigido a los océanos y susciten un desarrollo espectacular de la oceanografía.

EL OCEANO ECONOMICO

Sólo a fines de la década del cincuenta comenzó a desarrollarse una toma de conciencia del potencial económico de los océanos. Los progresos de la ciencia y de la técnica permitieron descubrir que ellos escondían inmensas riquezas alimenticias y minerales. El despegue de la explotación del petróleo submarino probó que estas riquezas tenían valor. Esta industria, entonces naciente, iba, por otra parte, a desempeñar un papel de arrastre considerable sobre los otros sectores de la oceanografía. Los oceanógrafos, preocupados por justificar pedidos de créditos en progresión constante, invocaban frecuentemente como argumento las perspectivas de explotación de los recursos oceánicos. La Academia de Ciencias norteamericana había publicado un informe sobre los beneficios potenciales de la investigación oceanográfica y sacaba en conclusión que una inversión en la explotación de los océanos obtendría en veinte años un rendimiento superior al de la colocación del mismo dinero a una tasa del 10%. Sin embargo, las primeras tentativas para valorizar recursos oceánicos mostraron la necesidad de nuevos progresos científicos y técnicos, progresos que fueron igualmente suscitados por las lecciones obtenidas de las catástrofes.