
Hace mucho tiempo que el cambio climático dejó de ser hipotético y se convirtió en un hecho, y una de sus consecuencias más claras y dañinas es el aumento de la temperatura global, algo sobre lo que las organizaciones ambientalistas del mundo, como Greenpeace, ya han advertido.
A medida que suben los registros térmicos, los glaciares, tanto polares como continentales, se derriten y, junto con esa pérdida de hielo, desaparecen poblaciones completas de animales. Ese es el caso de los osos polares, que enfrentan un riesgo de supervivencia debido a la rápida reducción del hielo marino ártico, del cual dependen como plataforma para cazar focas.
Necesitan esos bloques de agua helada para mantenerse con vida, desplazarse, alimentarse e incluso reproducirse, y diversas investigaciones señalaron que se los observa más delgados y debilitados cuando disminuye el hielo.
Un hallazgo científico inesperado
Sin embargo, un estudio reciente halló algo distinto: un equipo científico identificó una subpoblación aislada de osos polares en el sureste de Groenlandia que, en cambio, usa el hielo dulce que cae al océano desde los glaciares de la zona como superficie, lo que indica que este entorno específico podría ser menos vulnerable que otros al calentamiento global.
Sus conclusiones, publicadas en la revista Science este jueves 16 de junio, plantean la posibilidad de que al menos algunos grupos de la especie puedan atravesar este siglo, periodo en el que se proyecta la desaparición total del hielo marino ártico durante los veranos.
Kristin Laidre, científica polar de la Universidad de Washington y del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia, explicó a la AFP que una de las grandes dudas es dónde podrán subsistir los osos polares.
Y añadió que los ejemplares que viven en un sitio como este pueden aportar pistas sobre otros posibles refugios.

El trabajo de campo y el aislamiento genético
Laidre y su equipo comenzaron dedicando dos años a conversar con cazadores inuit, quienes aportaron datos y conocimiento ecológico. Luego iniciaron su propio trabajo de campo, entre 2015 y 2021, en una región difícil de estudiar durante mucho tiempo debido a su clima variable, nevadas intensas y montañas.
Cada año, el grupo permanecía un mes en primavera alojado en Kuummiit, a dos horas en helicóptero del área donde habitan los osos. El equipo colocó dispositivos satelitales a los animales y obtuvo muestras genéticas capturándolos o disparando dardos de biopsia en sus nalgas.
Se estima que son apenas unos cientos de individuos y representan “la población de osos polares más aislada genéticamente del planeta”, señaló la coautora Beth Shapiro, genetista de la Universidad de California en Santa Cruz e investigadora del Instituto Médico Howard Hughes.
Un territorio único y una posible ventaja climática
Shapiro indicó que está comprobado que esta población vive separada del resto desde hace al menos varios siglos. A diferencia de otros osos polares, se descubrió que estos permanecen cerca de su área y rara vez se desplazan largas distancias para cazar.
Su aislamiento se explica por la geografía: habitan una zona de fiordos en el extremo sur de Groenlandia, muy por debajo del círculo polar ártico, sin rutas posibles para ir a otro lugar.
Mientras que el hielo marino permite que la mayoría de los cerca de 26.000 osos polares del Ártico cacen, los del sureste de Groenlandia solo acceden a ese hielo durante cuatro meses, entre febrero y finales de mayo.
El resto del año, ocho meses, dependen de pedazos de hielo dulce que se desprenden de la capa de hielo de Groenlandia en forma de glaciares que desembocan en el mar.
Twila Moon, del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo y también coautora, afirmó en un comunicado que este tipo de glaciares existe en otras partes del Ártico, pero que la combinación entre la forma de los fiordos, la alta producción de hielo glaciar y la enorme cantidad de hielo disponible en la capa de Groenlandia es lo que hoy garantiza un suministro estable de hielo glaciar.

Esperanza de los osos polares condicionada a la acción climática
Las mediciones revelan que las hembras adultas son algo más pequeñas que el promedio y parecen tener menos crías, aunque la falta de datos extensos dificulta interpretar con precisión ese hallazgo.
Aunque el estudio aporta una nota alentadora, los osos no sobrevivirán sin medidas urgentes frente al cambio climático.
De todos modos, esta población podría contar con mejores chances, y existen lugares similares en Groenlandia y en la isla de Svalbard que podrían transformarse en pequeños refugios climáticos.
