Salmón Chinook en el río Limay, una invasión que pone en jaque a la Patagonia

Salmón Chinook en el río Limay, una invasión que pone en jaque a la Patagonia

¿Es posible que un pez gigante del Pacífico Norte termine destruyendo la armonía del río Limay? Parece que sí. Este salmón, capaz de pesar hasta 60 kilos, ha puesto en alerta máxima a las autoridades de Neuquén porque está alterando los ecosistemas de los ríos de una forma bastante agresiva. El Chinook, al que suelen llamar el «rey de los mares» por su tamaño, cruzó océanos y ahora está conquistando la Patagonia, lo que supone una amenaza silenciosa para el equilibrio de nuestras aguas. No es algo casual: las corrientes lo traen desde Chile hacia el Atlántico para desovar y morir, soltando una cantidad de nutrientes que cambian los ríos por completo. Muchos se preguntan si la región podrá frenar a este coloso antes de que se adueñe de cada cuenca.

Un gigante voraz que se expande por todo el territorio

La verdad es que impresiona; estamos hablando de un salmón monumental que llega a medir metro y medio. Su peso, que oscila entre los 20 y los 60 kilos, lo sitúa como el más grande del mundo, y mientras está en el mar es un depredador nato de sardinas y anchoas. Su historia por estos pagos empezó en los años 70, cuando fue traído a Chile desde Estados Unidos. Se escapó de las granjas de cultivo y, en apenas medio siglo, colonizó las cuencas patagónicas a una velocidad que nadie vio venir. Primero se asentó en el río Santa Cruz y de ahí se lanzó al Atlántico, aprovechando las corrientes marinas para subir.

La alerta roja llega finalmente a las aguas del Limay

En agosto de 2025, la preocupación saltó a los titulares: apareció un Chinook en la zona de Arroyito, en el río Limay. Nicolás Lagos, el director de Fauna de la provincia, confirmó que el pez llegó nadando por su cuenta desde el mar, no porque alguien lo haya sembrado. Esto encendió todas las alarmas porque este bicho es territorial y muy peleador, así que compite por la comida y el espacio con los peces de acá, como las percas y los peladillos. En este sentido, Greenpeace Argentina deslizó su inquietud sobre cómo estas especies invasoras complican aún más la salud de las cuencas, que ya vienen bastante castigadas. El Limay necesita pocos nutrientes para estar bien, y el Chinook cambia eso drásticamente.

Un peligro que va mucho más allá de la competencia entre peces

Cuando este salmón hace sus nidos, remueve todo el fondo del río, y lo peor viene después: miles de cadáveres tras la reproducción pudren el agua con materia orgánica. En Chile, por ejemplo, esto hizo que las algas crecieran un 30% más, lo que puede arruinar la transparencia del agua. Javier Ciancio, investigador del CONICET, explica que, aunque el adulto no come en el río, su agresividad echa a los peces locales y sus crías sí se devoran a los alevines nativos. Es un riesgo ecológico enorme porque se rompe el ciclo natural, pero también es un problema social; las orillas huelen mal por los restos en descomposición y atraen bichos de todo tipo.

El dilema entre eliminar al salmón Chinook o usarlo como negocio

Aquí es donde la cosa se pone gris, porque hay un debate sobre si hay que exterminarlo o aprovecharlo para el turismo y la pesca. En Santa Cruz, a finales de 2025, sacaron una ley que lo declara especie invasora pero, al mismo tiempo, permite su uso controlado. Quieren achicar la población mientras le dan trabajo a la gente de pueblos como El Calafate o Chaltén mediante la pesca. En Tierra del Fuego ya permiten pescar uno por día. Es una forma de intentar sacarle algo bueno a una situación que, en principio, es bastante mala para la biodiversidad original.

Defender el Limay es la última trinchera para la Patagonia

Para que el río Limay no se convierta en otra base de operaciones de este salmón, se está vigilando de cerca dónde ponen los huevos y dónde andan los juveniles. La idea es poner barreras físicas y fomentar una pesca que ayude a bajar la cantidad de ejemplares sin pegarle a las especies que sí son de acá. Este invasor nos obliga a pensar mejor cómo nos relacionamos con la naturaleza y qué decisiones vamos a tomar. Entre si es un recurso económico o una amenaza que hay que atajar, lo cierto es que el futuro de los ríos depende de lo que se haga ahora mismo, antes de que el rey del Pacífico se quede con el trono para siempre.