Manifestantes con máscaras naranjas y camisetas con el mensaje "No más salmoneras" detrás de una reja.
Activistas se manifiestan contra las salmoneras, exigiendo el fin de la explotación industrial del mar.

La dramática situación de los trabajadores salmoneros de Chile

Chile, país de fiordos y costas casi vírgenes, ha visto cómo la industria salmonera transformó algunos de sus paisajes más prístinos en escenarios de contaminación y riesgo laboral. Pero detrás de los titulares sobre exportaciones y producción de salmón, se oculta una realidad dura: la vida y la salud de quienes trabajan bajo el agua.

Los trabajadores salmoneros son testigos del cambio

Durante siete veranos en el archipiélago de las Huaytecas, un documentalista y fotógrafo ambiental pudo observar de cerca la transformación de un entorno antes casi intacto. La presencia de delfines, ballenas y paisajes vírgenes contrastó con la contaminación visible que fue apareciendo: basura en las costas, espumas tóxicas y residuos industriales flotando en el mar. La instalación de empresas salmoneras en zonas protegidas dejó claro que la industria operaba sin restricciones, alterando ecosistemas enteros y afectando a las comunidades locales. 

Impacto sobre los trabajadores 

Más allá del impacto ambiental, la investigación se centró en los buzos que trabajan en las granjas salmoneras. Estos trabajadores enfrentan condiciones extremas: largas jornadas, inmersiones a profundidades superiores a las autorizadas y aislamiento en los centros de engorde. Como consecuencia, muchos desarrollan osteonecrosis disbárica, una enfermedad que destruye lentamente el tejido óseo, afecta principalmente caderas y hombros, y en casos graves requiere reemplazo de articulaciones. El acceso a tratamientos adecuados en Chile es muy limitado, lo que agrava la situación de los afectados. 

Una industria sin control

El modelo de subcontratación aumenta los riesgos. Las empresas que prestan servicios de buceo exigen que los trabajadores completen tareas en tiempos estrictos, aunque ello implique exceder los límites seguros de profundidad y duración de las inmersiones. La combinación de jornadas excesivas, falta de supervisión y prácticas inseguras ha derivado en un triste récord: 83 muertes de buzos en 12 años, la cifra más alta registrada a nivel mundial para esta actividad. 

Documentar el desastre

Ante la falta de control institucional, se comenzó a registrar la realidad de la industria a través de fotografías, documentales y exposiciones. Uno de los episodios más graves ocurrió en 2016 en Chiloé, cuando miles de toneladas de pescado en descomposición fueron arrojadas cerca de la costa, provocando varamientos masivos de ballenas, muerte de aves marinas y la movilización de la comunidad local. La documentación de estos hechos evidenció la magnitud del daño ambiental y social provocado por la salmonicultura. 

Mirando hacia el futuro

La prohibición de la salmonicultura en Argentina, tanto en mares como en lagos y ríos, ha sido celebrada por organizaciones ambientalistas, como Greenpeace Argentina y Greenpeace Chile. Es que representa un ejemplo de medidas que buscan frenar la expansión de la industria. No obstante, la situación en Chile sigue siendo preocupante, con intentos de modificar leyes que podrían flexibilizar la regulación. La protección de los trabajadores y del medioambiente se presenta como un desafío urgente, que requiere vigilancia, regulación y acciones concretas para evitar que la industria siga causando daños irreversibles.