
Las oscuras profecías del Club de Roma, cualquiera fueran sus fundamentos, no deben hacernos olvidar que todavía existen en la tierra importantes recursos de materias primas y conviene subrayar que, en la mayoría de los casos, los recursos oceánicos serán explotados siempre que sus precios de costo resulten competitivos con los de los recursos terrestres equivalentes. De igual manera, es necesario que su explotación resulte técnicamente posible. Además, en la realidad, lo técnicamente factible no siempre resulta económicamente rentable. Por ejemplo, el agua de mar contiene miles de toneladas de oro en suspensión. Sin embargo, no ha podido encararse su extracción puesto que, dada la tecnología disponible actualmente, el costo sería muy superior al valor del metal recuperado.
También se sabe que miles de millones de toneladas de nódulos metálicos tapizan los fondos marinos. Al ritmo actual del consumo mundial, estos nódulos podrían representar decenas de años de reservas de metales de una gran importancia económica, como el cobre, el níquel, el manganeso o el cobalto. Sin embargo, su explotación está todavía frenada por obstáculos técnicos y no se tiene la certeza de que las tecnologías que actualmente se desarrollan permitirán producir los metales contenidos en los nódulos a un precio competitivo con los de los metales terrestres.
Por último, la energía de las olas, las corrientes y las mareas y la energía térmica de los océanos representan un potencial de algunos miles de millones de kilowatts. Sin embargo, a mediano término, por razones técnicas y económicas, la fuente principal de energía de los océanos seguirá siendo el petróleo submarino. Estas consideraciones pueden parecer evidentes. Sin embargo, merecen ser recordadas porque muy a menudo están ausentes en el cuadro futurista que a veces se establece sobre la explotación de los océanos.
No obstante, el progreso técnico es difícilmente previsible y a menudo progresos inesperados permiten explotar económicamente recursos que existían, hasta entonces, solamente en estado potencial. Es igualmente posible que el aumento previsible del precio de los productos de base constituya un aliciente suplementario para el desarrollo de los recursos oceánicos. Sin embargo, hay en la tierra importantes recursos que podrían ser económicamente explotados en caso de aumento en los precios y para los cuales existen ya las técnicas de producción. En el rubro de la minería, además, la relación precio reservas es a menudo exponencial, y un leve aumento en los precios puede hacer que importantes ·recursos sean económicamente explotables. Hemos hablado de obstáculos técnicos, pero también existen obstáculos científicos en la explotación de los océanos. Los conocimientos científicos que conciernen, por ejemplo, a la naturaleza y el origen de los yacimientos de minerales marinos, o las condiciones del medio marino son aún incompletos y los datos de los que se dispone, si es que existen, a menudo insuficientes. Por ello se estima que solamente el 20% de los océanos y de los márgenes continentales está graficado de manera exacta en las cartas de reconocimientos. En cuanto a las cartas topográficas de los fondos marinos, son aún muy incompletas.
Puede agregarse, además, que la explotación de los océanos tropieza con obstáculos “psicológicos”: requiere inversiones muy importantes e implica riesgos elevados que, al agregarse a la falta de experiencia en el ámbito oceánico, a menudo desanima a los empresarios potenciales. A pesar de todo, existen correcciones importantes a los límites técnicos y económicos descritos precedentemente, para los cuales el petróleo es un excelente ejemplo. Cuando las incitaciones económicas son suficientemente fuertes, los progresos tecnológicos pueden ser muy rápidos, tal como lo muestra la evolución de las técnicas de explotación del petróleo submarino que resultó espectacular en el trascurso del último decenio. Asimismo, la explotación de algunos recursos oceánicos puede emprenderse, a pesar de los costos más elevados con relación a los terrestres, cuando permite a ciertos países liberarse de las coacciones geopolíticas que pesan sobre sus aprovisionamientos de materias primas. Estas consideraciones explican en gran parte el rápido desarrollo de la producción de petróleo submarino e igualmente justifican el entusiasmo reciente por los nódulos de los fondos marinos, cuya explotación permitiría a varios países adquirir una mayor independencia con respecto a sus aprovisionamientos, especialmente de cobre y níquel.
En conjunto, los progresos en la explotación de los océanos dependerán, no solamente de los factores técnicos y económicos que acabamos de enunciar, sino también de factores políticos, cuya toma de conciencia es reciente pero que amenazan tener una importancia decisiva. Se trata de la protección del ambiente marino y del régimen jurídico de los océanos y sus recursos, tema que analizaremos más adelante. Tomar en cuenta estos factores no es, por otra parte, siempre neutral desde el punto de vista técnico v económico, en particular, en lo que respecta a la lucha contra la contaminación, que impone a la explotación de los océanos importantes, aunque indispensables, dificultades técnicas y económicas. La explotación de los océanos es, pues, una empresa compleja y de largo aliento. Sin embargo, sus primeros resultados resultan prometedores.