
De acuerdo con un estudio llevado a cabo recientemente por la Universidad Queen Mary de Londres, el plástico que flota en los océanos podría permanecer en su superficie durante más de 100 años antes de desaparecer por completo. Este nuevo hallazgo demuestra que la degradación es extremadamente lenta y los fragmentos tardan décadas en convertirse en partículas más pequeñas capaces de hundirse.
Pero además, esta investigación remarca que, incluso si hoy mismo se pusiera un freno a la producción de plástico, los residuos actuales seguirían presentes en el mar durante más de un siglo. ¿Cómo se explica este proceso de eliminación tan prolongado? Los expertos revelan que tiene que ver con la interacción entre los plásticos y la nieve marina (un material orgánico que arrastra partículas hacia el fondo del océano).
Los investigadores señalan que los plásticos grandes se van fragmentando en micropartículas con el paso del tiempo, pero este proceso no garantiza su desaparición. Las partículas más pequeñas pueden unirse a la nieve marina y descender lentamente hacia el fondo marino, un viaje que puede extenderse durante décadas.
Este mecanismo explica la persistencia en el tiempo de la contaminación plástica. Como resultado, aun después de cien años, alrededor del 10% del plástico original podría seguir flotando en la superficie, afectando la biodiversidad y la salud del océano.
Como resultado, el estudio concluye que la contaminación plástica es un problema intergeneracional. Es decir, que nuestros nietos seguirán enfrentando las consecuencias de los residuos plásticos liberados hoy. E incluso con políticas estrictas y una reducción drástica de los residuos, el ecosistema marino necesitará décadas para recuperarse.

El misterio del plástico “desaparecido”
Uno de los aportes clave del estudio es la explicación del fenómeno conocido como el plástico “desaparecido”. Cada año ingresan millones de toneladas de residuos a los mares, pero solo una fracción de este total es visible en la superficie del océano. El nuevo modelo desarrollado por los científicos muestra que gran parte de ese plástico se fragmenta hasta volverse lo suficientemente pequeño como para hundirse.
Este movimiento hacia las profundidades, lento y constante, impide ver una gran cantidad de residuos que ya no flotan pero que siguen contaminando. Los fragmentos de plástico adheridos a la nieve marina descienden a través de la columna de agua y terminan en los sedimentos del fondo.
Este proceso natural, que normalmente transporta material orgánico, se ha convertido en una vía para distribuir microplásticos desde la superficie hasta los ecosistemas más profundos. La presencia constante de residuos en esta “cinta transportadora” ayuda a entender por qué los estudios encuentran plástico en zonas remotas y hábitats adonde nunca debería haber llegado.
¿Cómo impactan los plásticos en la vida marina y humana?
La contaminación plástica afecta de manera directa a los ecosistemas marinos. Animales de distintas especies pueden quedar atrapados en redes, sogas o restos de plástico rígido, sufriendo heridas o muriendo al ser incapaces de desplazarse o alimentarse. Otro motivo de muerte es la ingestión de plásticos: más de 700 especies confunden estos materiales con alimento, lo que provoca obstrucciones, desnutrición o intoxicación. ¿El resultado? Una mortalidad anual estimada de ¡más de un millón de aves y cien mil mamíferos marinos!
Los microplásticos representan un riesgo aún más complejo ya que pueden ingresar a la cadena alimentaria. Moluscos, peces y crustáceos incorporan partículas durante la alimentación, lo que implica que los humanos también ingieran microplásticos al consumir estos productos. nLas consecuencias para la salud humana aún son desconocidas.
Pero además, los plásticos provocan daños ecológicos en los océanos y dificultan la recuperación de los hábitats. El estudio advierte que la acumulación de microplásticos podría saturar la bomba biológica del océano, un mecanismo clave para la regulación del carbono en el planeta. Si este sistema se altera, las consecuencias podrían sentirse en el clima global.
¿Cómo poner fin a la contaminación plástica?

Organizaciones ambientalistas como Greenpeace trabajan incansablemente para que los gobiernos del mundo pongan fin a la producción indiscriminada de materiales plásticos. Se calcula que un 80% proviene de actividades terrestres (entre ellos colillas, bolsas, botellas, envases descartables, fibras sintéticas y microplásticos de cosméticos).
El 20% restante se origina en la actividad marítima: barcos pesqueros, plataformas petroleras y embarcaciones que dejan a la deriva redes, sogas o restos de equipamiento. Las proyecciones son alarmantes. Si no se toman medidas, para 2025 podrían ingresar al océano ¡17,5 millones de toneladas de plástico cada año! Y para 2050, ¡el peso total del plástico podría superar al de todos los peces del mundo!
Por eso, es necesaria la reducción en origen. Es decir, evitar envases de un solo uso, utilizar bolsas reutilizables y elegir productos con menos embalaje para disminuir la cantidad de residuos generados. Sin embargo, nada de esto será suficiente sin un plan a nivel industrial, con una transición hacia una economía circular y políticas coordinadas internacionalmente.
