
Se conoce como red fantasma a cualquier artefacto de pesca que queda abandonado en los océanos y continúa atrapando vida marina sin ningún tipo de control. Se trata de redes, trampas, líneas de pesca o boyas que se desprenden de los barcos como resultado de tormentas, desgaste o del descarte intencional, pero que continúan cumpliendo su función como si aún estuvieran activas.
De este modo, se hunden, flotan o viajan a la deriva durante años, atrapando peces, tortugas, lobos marinos, aves y hasta cetáceos. Por este motivo, su nombre no es metafórico: funcionan sin pescadores, sin límites y sin freno, generando un daño silencioso que rara vez se ve a simple vista y que va empeorando año a año.
Y aunque a simple vista solo parezcan basura flotante, estas redes pueden extenderse varios kilómetros y transformarse en una verdadera trampa mortal. Es por eso que organizaciones ambientales como Greenpeace, que trabajan en la limpieza de los mares, aseguran que son mucho más abundantes de lo que se cree. De hecho, ¡representan alrededor del 10% de todo el plástico que se encuentra en los océanos!
El problema es tan grave que los especialistas coinciden en que, hoy por hoy, las redes fantasma son uno de los desechos más letales para la vida marina, ya que impactan en aves, mamíferos, peces, tortugas y todo tipo de organismos que quedan atrapados, asfixiados o heridos mientras intentan escapar.
Océanos cada vez más vulnerables
En los últimos años, el deterioro de los ecosistemas marinos se aceleró de forma peligrosa. Cada vez que el plástico llega al mar, puede tardar entre 150 y 1000 años en degradarse. Durante ese tiempo, se fragmenta, se hunde, flota, sube a la superficie, vuelve a hundirse y continúa afectando a todos los niveles de la cadena trófica.

Se estima que unas 700 especies ya se han visto afectadas por la contaminación plástica, ya sea por haber ingerido las sustancias tóxicas, por haberse asfixiado con ellas o por haber quedado atrapadas entre los desechos plásticos.
Las cifras son contundentes: cada año mueren ¡más de un millón de aves marinas y más de 100 mil mamíferos marinos debido a la contaminación plástica! ¿Qué rol ocupan las redes fantasma dentro de este apocalipsis oceánico? Uno crucial, ya que no necesitan un barco que las opere: continúan atrapando vida marina día y noche.
La gravedad del problema queda clara en acciones como la realizada recientemente por la Organización No Gubernamental Gravity Wave, que logró rescatar una red de ¡400 metros! en las costas de Alicante (en España). Según la Fundación Aquae, cada año terminan en el mar unas 640 mil toneladas de equipos de pesca perdidos o abandonados, una cantidad equivalente a más de 50 mil colectivos de dos pisos.
¿Cómo llegan las redes al océano?
Si bien es cierto que ningún pescador desea perder sus redes de pesca (después de todo son herramientas costosas y esenciales para su trabajo), las condiciones del mar pueden ser implacables. Las tormentas, las fuertes corrientes o las zonas rocosas pueden arrancar las redes, arrastrarlas y dejarlas atrapadas en zonas de donde se vuelve imposible recuperarlas.
A esto se suman errores humanos, fallas mecánicas y la pérdida de dispositivos que permiten rastrear los equipos. Pero además, existe un costado más oscuro que agrava el panorama: la pesca ilegal. Este tipo de actividad opera en las sombras, evadiendo los controles y dejando tras de sí una cantidad enorme de redes que terminan abandonadas en el océano.
El crecimiento de la pesca industrial durante las últimas décadas incrementó el uso de materiales plásticos en redes, cuerdas y líneas. Estos son ideales para la tarea ya que son livianos, flotan, son resistentes y baratos. Pero estas mismas ventajas son las que los vuelven un desastre para los océanos, ya que se convierten en residuos indestructibles capaces de permanecer intactos durante décadas.
Cómo evitar que los océanos sigan siendo un cementerio de redes

Desde hace años, distintos organismos internacionales trabajan para frenar el problema de las redes fantasma. La Organización Marítima Internacional, la FAO, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente y otras entidades regionales de pesca establecieron directrices para reducir las pérdidas y mejorar los mecanismos de recuperación.
En 2015 surgió la Iniciativa Global contra las Redes de Pesca Fantasma (GGGI, por sus siglas en inglés), que reúne a gobiernos, empresas, científicos, pescadores y organizaciones sociales con el objetivo de lograr que la cantidad de redes de pesca que se pierden en el mar sea igual o menor a la que se recupera, recicla o reutiliza antes de 2030.
Entre las soluciones propuestas están los aparejos rastreables, el desarrollo de materiales biodegradables que no permanezcan siglos en el agua, y los sistemas de reciclaje accesibles que incentiven a los pescadores a devolver los equipos cuando ya no sirven.
