
Cada día, los océanos reciben cantidades abrumadoras de desechos plásticos y sólidos que se hunden y permanecen allí durante décadas. La basura en el fondo del mar no solo proviene de las costas, sino que también llega a través de las actividades pesqueras, es arrastrado por las corrientes oceánicas o por los desastres naturales.
Por este motivo no sorprende que una investigación recientemente publicada en la revista científica Marine Pollution Bulletin haya advertido que ningún país puede enfrentar el problema de forma aislada, porque se trata de un fenómeno transnacional cuyo impacto supera las capacidades de monitoreo actuales.
Detectar residuos en el fondo del mar es técnicamente complejo. La falta de estándares globales dificulta comparar estudios, y apenas existe registro visual del 0,001% de los fondos a más de 200 metros, pese a que estas zonas representan el 66% del área oceánica. Esto implica que, mientras proliferan plásticos, redes y desechos industriales, el conocimiento científico avanza lento y de manera fragmentada. Y al no existir una referencia global mínima, los países terminan aplicando políticas descoordinadas con resultados limitados.
El fondo del mar funciona como depósito final para los residuos que se fragmentan. Estos acaban afectando a organismos bentónicos, alteran ciclos de nutrientes y modifican funciones ecológicas vinculadas al dióxido de carbono. Este daño silencioso transforma los ecosistemas profundos y representa una amenaza prolongada para la biodiversidad marina.
Pero según miembros de organizaciones como Greenpeace, lo que es aún más preocupante, es que al no haber un control sistemático, cada dato se convierte en una señal parcial que dificulta la comprensión real de la magnitud del problema y, por lo tanto, su evolución a largo plazo.
¿Cómo se distribuyen los residuos en los océanos?

Los fondos oceánicos cubren el 71% de la superficie del planeta y concentran la mayoría de los residuos marinos. Según múltiples investigaciones, gran parte de los desechos que ingresan a los océanos terminan sedimentando. Esta acumulación combina plásticos, redes de pesca abandonadas, restos metálicos y materiales industriales que permanecen durante años sin degradarse.
Ríos como el Yangtsé, el Ganges, el Mekong o el Nilo transportan enormes volúmenes de basura desde regiones urbanizadas hasta las corrientes oceánicas. El fenómeno es especialmente grave en zonas de rápido crecimiento urbano sin una adecuada gestión de sus residuos. A esto se suman eventos extremos como tsunamis o tormentas, que contribuyen a arrastrar grandes cantidades de materiales desde tierra adentro hacia el mar, expandiendo la contaminación más allá de las áreas costeras.
La fragmentación de estos residuos altera sistemas ecológicos esenciales: enterrando carbono, y perturbando ciclos biogeoquímicos, provisión de hábitats y funciones tróficas. Además, las redes abandonadas continúan capturando fauna marina durante años. Mientras que los microplásticos ingresan a la cadena alimentaria y los objetos voluminosos modifican el relieve del lecho marino.
¿Cómo se estudia actualmente el fondo del mar?
La investigación global destaca que solo mediante observación directa y captura de imágenes puede cuantificarse la basura en el fondo del mar de forma no destructiva. Para ello se deben utilizar vehículos operados remotamente (ROVs), vehículos autónomos (AUVs), cámaras remolcadas y sistemas modulares de bajo costo. Estos métodos permiten documentar áreas amplias, evaluar densidades de residuos y distinguir tipos de materiales, lo que favorece diagnósticos más precisos sin dañar los ecosistemas profundos.
La selección tecnológica es crítica: profundidad, relieve del fondo y visibilidad determinan qué sistema utilizar. La investigación remarca que es necesario que se utilicen metodologías compatibles entre países. El uso de tecnologías avanzadas, desde sensores hasta sistemas ópticos, permite generar grandes volúmenes de datos, aunque su procesamiento exige herramientas de análisis especializadas.
Por último, la clasificación de los residuos debe depender de sistemas jerárquicos desarrollados por organismos internacionales y de la inteligencia artificial, capaz de analizar grandes cantidades de imágenes. Aunque ahora mismo el aprendizaje automático enfrenta el desafío de bases insuficientes y datos no estandarizados.
¿Cómo debería estudiarse?

Los científicos proponen crear una plataforma global que centralice observaciones, imágenes e información. Este sistema permitiría comparar datos, evaluar tendencias, determinar puntos calientes y mejorar las decisiones políticas que se tomen en base a esta información. El planteo apunta a integrar universidades, empresas privadas, expediciones técnicas y organismos internacionales para conformar una base de conocimiento abierta.
La colaboración con empresas energéticas, pesqueras o de telecomunicaciones es clave. Sus actividades producen imágenes, mediciones y registros del fondo del mar que podrían integrar un archivo histórico sin necesidad de generar nuevas expediciones. Aprovechar estos datos reduciría los costos y aumentaría la cobertura. De esta forma, la información fragmentada sería reemplazada por un sistema de monitoreo continuo.
