Las salmoneras chilenas aumentaron un 10% el uso de antibióticos en 2024

Las salmoneras chilenas aumentaron un 10% el uso de antibióticos en 2024

Las salmoneras de Chile utilizaron más de ¡350 toneladas de antibióticos en 2024!, lo que representa un aumento del 10% respecto al año anterior. Los datos fueron publicados gracias a una ley sancionada en 2023, que exige transparencia sobre el uso de medicamentos en la acuicultura. 

En esta industria, los antibióticos se utilizan para prevenir enfermedades en los salmones. Pero al criar a estos animales amontonados en jaulas demasiado pequeñas, los peces no tienen espacio suficiente para moverse y adaptarse al ecosistema. ¿Cuál es el resultado? Una falta de adaptación a las enfermedades locales y brotes constantes que hacen que las salmoneras mantengan un uso exagerado de medicamentos. 

Expertos y miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile han advertido en reiteradas ocasiones que esta práctica no solo afecta a los salmones, sino que genera una resistencia extrema de las bacterias que puede trasladarse a otras especies marinas y, eventualmente, a los humanos. De hecho, la resistencia antimicrobiana es catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las principales amenazas globales a la salud pública de la actualidad. 

¿Cómo impactan las maniobras de las salmoneras en los ecosistemas chilenos? 

El uso masivo de antibióticos tiene efectos sobre los ecosistemas marinos. Los residuos de medicamentos, se van combinando con excrementos y alimento no consumido por los peces y terminan alterando la composición del agua. Esto a su vez provoca cambios en las especies nativas y en la cadena trófica haciendo que peces, aves y mamíferos marinos se vean afectados.

En Chile existen más de 400 concesiones salmoneras que habilitan estas prácticas dentro de áreas protegidas, incluyendo parques nacionales y reservas. Esta laxitud incrementa la vulnerabilidad de estos ecosistemas frágiles, ya que los efectos acumulativos a lo largo de los años acaban extendiéndose más allá de las zonas de cultivo.

Por otro lado, la salmonicultura intensiva también pone en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades locales. Esto es así porque la contaminación generada altera la disponibilidad de especies silvestres consumidas por la población y por pescadores artesanales.

Los riesgos para la salud humana de las salmoneras

El aumento en el uso de antibióticos hace que sea mucho más probable que surjan “super bacterias” resistentes a los medicamentos. Estas bacterias pueden transferir sus genes resistentes a otros microorganismos presentes en ecosistema marino o incluso en los alimentos derivados del salmón, afectando la salud de las personas que consumen estos productos.

Según la directora de Oceana, Liesbeth van der Meer, el alto consumo de antibióticos de las salmoneras desde el año 2018 a esta parte demuestra que ya existen enfermedades que no se pueden erradicar. ¿Qué significa esto? Que la industria depende de los medicamentos para mantener sus producciones.

Cabe destacar que el riesgo de resistencia bacteriana también pone en riesgo la salud de los animales y la estabilidad de los ecosistemas, ya que las bacterias resistentes pueden propagarse entre especies silvestres, afectando la fauna marina y la pesca artesanal.

¿Cómo trabaja la industria en otros países?

Chile es uno de los mayores productores de salmón del mundo. Sin embargo, el uso de antibióticos es mucho mayor que en otros países como Noruega y Canadá. ¿Por qué es tan diferente? Porque en los países europeos existen regulaciones más estrictas que han hecho que el uso de medicamentos se haya reducido gracias a programas de vacunación y manejo preventivo.

Según la OMS, a nivel mundial, ¡la resistencia antimicrobiana ya provoca cerca de 1,27 millones de muertes al año! Esto hace que la salmonicultura chilena sea extremadamente relevante para disminuir este problema de salud pública mundial. 

Para lograrlo, los expertos recomiendan que la industria chilena implemente medidas de manejo más sostenibles, incluyendo la reducción de la densidad en las jaulas, un monitoreo constante de enfermedades, la vacunación preventiva de los peces y la restauración de los ecosistemas afectados. Solo así se podrá proteger tanto a la fauna marina como a la salud humana.