Gran iceberg blanco emergiendo en medio del océano azul, con parte de su masa sumergida visible bajo el agua.
Iceberg flotando en aguas frías, símbolo de la grandeza y vulnerabilidad de los polos.

El iceberg gigante A23a desaparece poco a poco

El iceberg A23a, considerado el más antiguo del mundo (y alguna vez el más grande), finalmente se está desintegrando tras casi 40 años desde que se desprendió de la Antártida. Gracias a su resistencia en el tiempo, los científicos tuvieron la oportunidad de estudiar cómo se comportan los icebergs y cómo impacta el calentamiento global en las regiones polares. 

De acuerdo con los expertos del British Antarctic Survey (BAS), a medida que sube hacia el norte del planeta, hacia aguas más cálidas cerca de la isla Georgia del Sur, su tamaño se irá reduciendo rápidamente. Por lo tanto, se estima que en unas pocas semanas más podría haber desaparecido por completo. 

Gracias al seguimiento que realizaron del A23a a lo largo de casi cuatro décadas, los investigadores lograron observar de primera mano cómo las corrientes oceánicas, las olas y las temperaturas del agua influyen en la vida útil de los icebergs. De hecho, cuando se desprendió de la plataforma continental antártica en 1986, muy pocos imaginaban que iba a resistir tanto tiempo en el océano.

Es por ello que el hecho de que finalmente se desintegre por completo no solo representa un fenómeno natural, sino que también es un indicador cómo se ha acelerado el ritmo de derretimiento de los polos como consecuencia de las actividades humanas que generan gases de efecto invernadero.

El iceberg A23a: un gigante único en la historia

A principios de este año, el A23a tenía un peso estimado de ¡1 billón de toneladas! Además, contaba con una superficie de casi 4 mil kilómetros cuadrados. Esto equivale, por ejemplo, a casi la mitad del Parque Nacional Los Glaciares, ubicado en la provincia de Santa Cruz, en Argentina. Mientras que su ancho máximo era superior a los 60 kilómetros (mucho más que varios países pequeños del planeta). 

Pero a pesar de esta magnitud deslumbrante, las imágenes satelitales más recientes, obtenidas por el servicio europeo Copernicus y por el MODIS del satélite Aqua de la NASA, muestran que el A23a ha perdido más de la mitad de su volumen original en los últimos meses. Actualmente, se estima que apenas quedan 1.770 kilómetros cuadrados. 

Estos datos son otra muestra de cómo el cambio climático y el aumento de la temperatura de las aguas del océano Austral aceleran la desintegración de los icebergs. Los científicos advierten que el iceberg continuará deteriorándose a medida que se desplaza hacia latitudes más cálidas. Esto podría ocasionar que los trozos de hielo que se desprendan de él se conviertan en un peligro para la navegación en toda la región. 

El largo viaje del A23a

Cuando el iceberg A23a se desprendió del continente antártico en 1986, acabó encallado en el mar de Weddell. En este lugar, permaneció durante más de 3 décadas, anclado al lecho oceánico. Al estar inmóvil, los oceanógrafos y geólogos de todo el mundo aprovecharon para estudiarlo de forma constante. 

Pero en 2020, en plena pandemia de covid-19, el iceberg volvió a moverse, arrastrado por la poderosa corriente circumpolar antártica. Finalmente, en marzo de 2025 encalló nuevamente cerca de Georgia del Sur, a unos 90 kilómetros de la costa.

Tras encallar, A23a continuó su viaje rodeando la isla y desplazándose hasta 20 kilómetros diarios gracias a la velocidad que de las olas y las corrientes. Durante su viaje hacia aguas más cálidas, comenzó a fragmentarse, desprendiendo enormes trozos que flotan en el océano y modifican los ecosistemas marinos. 

El deterioro de la Antártida por el cambio climático

De acuerdo con información provista por Greenpeace Argentina, la frecuencia y la velocidad de los desprendimientos de hielo han aumentado considerablemente en las últimas décadas. A esto se suma la pérdida masiva de masa de las plataformas de hielo tanto en la región Antártica como en la Ártica.

Se estima que, desde el 2000 a esta parte, las plataformas antárticas han perdido aproximadamente ¡6 mil gigatoneladas de hielo! Esto ha tenido graves consecuencias para el planeta. Principalmente el aumento del nivel del mar que puede desencadenar cambios irreversibles en la circulación oceánica.

Además, los cambios en la salinidad y la temperatura de las aguas afectan a la cadena alimentaria marina (desde el fitoplancton hasta depredadores como los pingüinos y las focas). Por otro lado, los icebergs cumplen funciones ecológicas clave: sirven de plataformas de descanso para aves y mamíferos marinos y actúan como barreras que modifican corrientes y patrones de temperatura local. Por lo tanto, su desaparición podría ocasionar efectos imprevisibles en el clima mundial.