Tortuga marina muerta rodeada de desechos plásticos en la orilla de una playa.
Tortuga marina muerta entre basura plástica en una playa contaminada.

El océano colombiano está al borde del colapso

Más del 70% del oxígeno que se respira en la Tierra proviene del océano. Pero a pesar de su importancia para la vida en el planeta, este ecosistema padece las consecuencias de una amenaza que no para de crecer: la contaminación plástica. Se estima que, a nivel mundial, más de 200 kilos de basura llegan al mar ¡cada segundo! ¿De dónde provienen esos desechos? Más del 85%, de tierra firme. Es decir que el océano está siendo usado como depósito de basura. 

En Colombia, la situación es aún peor. Diversos estudios realizados por expertos en la materia detectaron ¡hasta 8 mil microplásticos por metro cuadrado! en playas del Pacífico y el Caribe. Y lo que es peor, se estima que para el año 2050 haya más plástico que peces en el océano. ¿Cómo evitarlo? Mediante medidas drásticas. 

La Ley 2232, incapaz de proteger los océanos colombianos

En 2022, el gobierno colombiano sancionó la Ley 2232, que prohíbe la utilización y entrega de algunos productos plásticos de un solo uso, como empaques, bolsas, cubierto y sorbetes. Si bien esta medida fue un avance importante en la lucha contra la contaminación plástica, ha demostrado no ser suficiente. 

Según un estudio llevado a cabo recientemente por el Centro de Investigaciones Hidráulicas e Hidrotécnicas de la Universidad Tecnológica de Panamá, las playas del Caribe colombiano están ¡cuatro veces más contaminadas que las del Pacífico! Esto es una muestra de que para que la ley funcione realmente hace falta mejorar los mecanismos de control. 

Porque un norma no sirve para nada a menos que se verifique su cumplimiento en todo el territorio colombiano. Y para ello es necesario que los políticos pongan manos a la obra, aumentando el presupuesto de fiscalización y asegurando que quienes no cumplen la ley reciban las multas y sanciones correspondientes. 

Por otro lado, es importante que las comunidades locales se involucren en el cuidado de sus ecosistemas marinos. Ya sea promoviendo la economía circular, creando nuevos materiales biodegradables que reemplacen a los plásticos y sumándose a iniciativas de limpieza de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Colombia. 

Las consecuencias visibles e invisibles de usar los océanos como basurero

Muchos efectos de la contaminación plástica pueden percibirse a simple vista: ya sea porque las toneladas de residuos se van acumulando en las costas o porque flotan sobre la superficie del agua. Pero otros, como los microplásticos, son invisibles al ojo humano. Sin embargo se van infiltrando en los peces, en el agua y hasta en el aire que respiran los seres humanos y los animales. 

De hecho, diversos estudios han demostrado que estos fragmentos menores a 5 mm (que se van desprendiendo de los productos plásticos por efecto del sol, las olas y el aire) ya se han podido encontrar en el organismo de millones de personas. Llegan a órganos como el estómago, el cerebro y hasta la placenta materna a través de la ingesta de peces o mariscos, o porque son inhalados al respirar. 

Pero tal vez la peor consecuencia de la contaminación plástica tenga que ver con el colapso de un sistema que se encarga de regular el clima global. El océano es capaz de almacenar dióxido de carbono (un gas de efecto invernadero) y sirve como sustento para miles de especies. Cuando este sistema se descompone, los arrecifes de coral, las tortugas marinas, los tiburones, y muchas otras especies quedan en peligro de desaparecer. 

Los científicos no tienen dudas de que, a menos que los océanos del planeta estén sanos, será imposible frenar la crisis climática. El mar es el principal regulador térmico y climático de la Tierra. Por lo tanto, cuando se deteriora, se acelera el calentamiento global, se alteran los ciclos del agua y todas aquellas personas que dependen de la pesca para sobrevivir ven sus medios de vida comprometidos. 

¿Cómo contribuir a proteger los océanos colombianos?

Colombia tiene una oportunidad única de liderar con el ejemplo al resto de América Latina. Para ello debe empezar por fortalecer el control en las áreas marinas protegidas del país, especialmente los manglares. Además, es fundamental que el gobierno cree mecanismos de vigilancia que detecten la contaminación antes de que sea irreversible.

Finalmente es importante apostar a la ciencia. Ya que sin datos actualizados, no será posible tomar las mejores decisiones. Por eso el Gobierno nacional debe garantizar el financiamiento necesario para que las investigaciones que midan el impacto del plástico en la biodiversidad y propongan soluciones a largo plazo puedan continuar. De ello depende el futuro del océano, y de la Tierra.