
En apenas una semana, dos ballenas de la especie Sei fueron encontradas sin vida en las aguas del Río de la Plata. El hallazgo generó preocupación entre científicos y miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina, ya que es una señal inequívoca del deterioro que están padeciendo los ecosistemas marinos del país.
Cabe destacar que ambas ballenas pertenecen a una especie que se encuentra en peligro de extinción. Por este motivo los expertos han pedido que se lleven a cabo sendas necropsias con el objetivo de determinar con precisión cuáles fueron las causas detrás de este fenómeno.
Por lo general, los varamientos de cetáceos pueden tener diversas causas, ya que las ballenas son animales migratorios que se mueven para buscar alimentos o reproducirse. Pero factores como la contaminación de los océanos, la pesca industrial y la minería submarina están incrementando la frecuencia con la que estos episodios se repiten.
Y si bien la presencia de ballenas en el Río de la Plata no es anormal, ya que se encuentra de paso en su ruta migratoria, estos varamientos son una evidencia concreta de que algo está sucediendo con la especie. Y lo más probable es que el problema derive de las actividades humanas que atentan contra la salud de sus ecosistemas.
¿Por qué la supervivencia de las ballenas es tan importante para los ecosistemas?
Más allá de su enorme tamaño, las ballenas se caracterizan porque tienen un rol fundamental en el equilibrio de los ecosistemas oceánicos. De hecho, su presencia, sus desplazamientos y su comportamiento resultan claves para que los científicos puedan evaluar en qué estado se encuentra el océano.
Por este motivo se las denomina “ingenieras” del ecosistema, ya que son las encargadas de transportar nutrientes esenciales para la vida marina. Cuando estos animales desaparecen o disminuye su población, se genera un desbalance que puede afectar desde al diminuto plancton, hasta a los gigante tiburones.

A su vez, el comportamiento de las ballenas puede brindar información sobre cómo están impactando el cambio climático, la contaminación y otras amenazas en la salud oceánica. Por eso estos varamientos deben ser tomados como señales de alerta. Lo más probable es que se trate solo de la punta del iceberg de lo que está sucediendo bajo el mar.
Los problemas “humanos” que enfrentan las ballenas en el océano
Durante las últimas 3 décadas, ¡el número de barcos comerciales en los océanos del mundo se triplicó! Esto ha hecho que aumenten el riesgo de colisiones con grandes mamíferos como las ballenas de la especie Sei. A esto se suma la contaminación acústica generada por los motores, que puede desorientar a estos animales que utilizan el sonido para comunicarse y movilizarse.
Otro factor que las pone en riesgo es la contaminación química provocada por sustancias tóxicas que se vierten en los océanos. Como las ballenas se encuentran al tope de la cadena alimenticia, pueden ser víctimas de intoxicaciones severas que atentan contra sus vidas. Algo similar a lo que sucede con la contaminación plástica.
Por último se encuentra la amenaza de la pesca industrial intensiva. Las redes de arrastre barren con todo a su paso y no es raro que capturen accidentalmente a estos cetáceos. Además, disminuyen drásticamente la disponibilidad de alimento al sobreexplotar especies clave. Si a esto se suman el cambio climático y la acidificación de los océanos, no quedan dudas de que las ballenas están enfrentando escenarios apocalípticos.
¿Cómo proteger a las ballenas?

Cada vez que ocurre un varamiento, es fundamental que los científicos puedan analizar qué sucedió. Las necropsias permiten identificar si hubo enfermedades, lesiones o signos de contaminación involucrados en las muertes de los animales. Pero de nada sirven estos análisis si el gobierno nacional hace oídos sordos y se niega a invertir en políticas que para proteger a las ballenas.
En la Argentina, centros de investigación como el CADIC-CONICET (Centro Austral de Investigaciones Científicas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) desarrollan estudios sobre cetáceos y su entorno. Pero en los últimos años, la falta de financiamiento se ha hecho cada vez mayor.
La información está esperando a ser descubierta, solo hace falta que los políticos se decidan a usarla para detener la muerte de estos mamíferos. Solo así será posible proteger la biodiversidad marina y los ecosistemas que habitan que, en definitiva, son los mismos que habitan los seres humanos.
