Fotografía aérea de una playa donde un grupo de personas organizadas forman un gran mural humano con un escudo y un coral en su interior, acompañado del mensaje “Petróleo Não” escrito en la arena.
Activistas forman un mural humano en la playa de Copacabana, Brasil, para exigir la protección de los corales y rechazar la exploración petrolera en la región.

Río de Janeiro será sede de la Conferencia Mundial de la Década de los Océanos 2027

Dentro de dos años, la ciudad de Río de Janeiro se transformará en la anfitriona de la Conferencia de la Década de los Océanos. Este evento internacional será organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con el objetivo de promover los avances científicos relacionados con la conservación de los ecosistemas marinos.

Durante la cumbre, diversos líderes mundiales, científicos, miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace y representantes del sector privado buscarán definir qué estrategias poner en práctica para proteger y restaurar los océanos del planeta, que ahora mismo atraviesan una crisis nunca antes vista. 

La elección de Brasil como sede no es casual: se trata de un país con más de 10 mil kilómetros de costa que en los últimos años ha puesto en marcha varias iniciativas de educación ambiental, así como de creación de santuarios marinos para proteger el océano Atlántico. Sin embargo, no se deben dejar de lado las críticas de los conservacionistas brasileños hacia los proyectos de explotación petrolera en las áreas marinas protegidas del país. 

¿Cuáles son las amenazas que ponen en riesgo la salud de los océanos en la actualidad? 

Existen diferentes peligros a los que se enfrentan los océanos hoy en día. Todos ellos derivados de las actividades humanas. Para empezar, la contaminación plástica. Se estima que cada jornada, millones de toneladas de residuos plásticos acaban en el mar. Esto no solo afecta a las especies marinas, sino que puede alterar la cadena alimentaria, afectando a los seres humanos que dependen del mar para alimentarse y sobrevivir. 

Por otro lado se encuentra la pesca industrial intensiva. Con métodos destructivos como la pesca de arrastre, esta actividad devasta los fondos del océano, además de capturar “por error” a especies no deseadas. A esto se suma la explotación petrolera en el mar, que no solo genera riesgos de derrames, sino que además altera el hábitat marino con ruidos de maquinarias y la presencia constante de seres humanos.

Por último, aunque no menos importante, está el calentamiento global. Este fenómeno provocado por el uso de combustibles fósiles, ha ido elevando la temperatura del océano provocando un efecto de acidificación que, a su vez, genera efectos terribles como el blanqueamiento de corales o el desplazamiento de especies. 

¿Qué tan importantes son los océanos para la vida en la Tierra?

Muy importantes e irremplazables. Primero que nada porque sin ellos, no existiría más del 50% del oxígeno que se respira en el planeta. Pero además, los océanos son los encargados de regular el clima y proveer alimentos para millones de personas. Por otro lado, cuentan con una biodiversidad enorme de especies que, si desaparecieran, pondrían en riesgo la continuidad de la vida humana. 

La acidificación y el calentamiento del mar están afectando la capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono (uno de los principales gases contaminantes). Esto está agravando el cambio climático que padece el planeta. Pero además, a medida que los corales mueren y los manglares son destruidos, se reduce la protección que estos ecosistemas brindan frente a tormentas e inundaciones. 

¿Cómo prevenir el deterioro de la salud oceánica? 

Para proteger los océanos es fundamental implementar Áreas Marinas Protegidas, es decir, zonas donde se limite o se prohíba la pesca y otras actividades como la minería submarina. Es fundamental que estas zonas se amplíen y que quienes las protegen cuenten con los recursos necesarios para vigilarlas. 

Pero además es necesario que el mundo siga avanzando en su transición hacia energías verdes como la solar o la eólica. Esto permitirá que se elimine por completo la explotación petrolera, reduciendo así la contaminación sonora y el riesgo de que se sigan produciendo desastres ambientales. 

Mientras tanto, es urgente regular la pesca industrial, promoviendo prácticas responsables que eviten la sobreexplotación y la captura incidental de especies en peligro. Pero nada de esto será posible a menos que se impulse la educación ambiental en todo el mundo para que los ciudadanos tomen conciencia sobre la importancia de cuidar los océanos.