Cuatro belugas nadando junto al borde del hielo ártico visto desde arriba.
Grupo de belugas nada paralelo al hielo marino en el Ártico canadiense.

El océano Ártico acelera su pérdida de hielo por un drástico aumento de la salinidad

Durante años, la idea general sobre el océano que rodea la Antártida era más bien tranquila: aguas frías, poca sal, más hielo. Una especie de escudo climático que ayudaba a equilibrar lo que pasa en otras partes del planeta. Pero desde hace casi una década, esa calma empezó a resquebrajarse. Algo se está moviendo ahí abajo. Algo que no estaba en los planes.

Un equipo internacional de científicos acaba de confirmar lo que venían sospechando. Y lo hicieron con datos concretos: desde 2015, el hielo marino antártico está desapareciendo a un ritmo muy acelerado y, al mismo tiempo, el agua superficial se vuelve más salada. La combinación de estos dos fenómenos no solo sorprende, sino que preocupa. Bastante.

Los satélites empezaron a ver lo que antes era invisible

Gracias a un satélite europeo llamado SMOS —especializado en medir la humedad del suelo y la salinidad de los océanos—, los investigadores lograron observar con más claridad lo que estaba pasando en el océano Antártico. Hasta hace poco, esa región era un punto ciego: los datos eran tan imprecisos que nadie se animaba a sacar conclusiones. Pero la mejora en los algoritmos de procesamiento cambió el panorama.

Estrella Olmedo, del Instituto de Ciencias del Mar en Barcelona, explicó que recién ahora se puede ver con nitidez cómo la salinidad superficial empezó a subir justo cuando el hielo marino empezó a retroceder. Hasta 2015, esa cobertura de hielo venía creciendo. No mucho, pero sí de forma constante. De pronto, todo cambió.

La salinidad aumenta, el hielo desaparece y el océano se transforma

La Antártida ya perdió una cantidad de hielo marino equivalente al tamaño de Groenlandia. La comparación no es exagerada: habla de un volumen enorme, y del tipo de eventos que no se ven todos los días. Lo más llamativo es que no se trata solo de que haya más temperatura. El proceso parece estar relacionado con el ascenso de aguas profundas, más cálidas y más saladas, que llegan a la superficie y aceleran el deshielo.

Olmedo comentó que hasta hace poco se pensaba que el retroceso del hielo podía deberse a cambios en el viento o a variaciones atmosféricas. Pero los datos recientes apuntan a otro lado: el océano mismo está empujando el cambio desde abajo. Y eso no es una buena señal.

Un agujero en el hielo que deja ver lo que viene

En el mar de Weddell, apareció algo que muchos creían desaparecido: la “polinia” de Maud Rise. Es una especie de ventana en medio del hielo, donde el océano queda al descubierto. Esta abertura, del tamaño de cuatro Gales, no es un detalle menor. Su reaparición va de la mano con el aumento de la salinidad, y muestra que algo en la dinámica oceánica se está desajustando.

Cuando hay más sal en la superficie, el agua se hunde más rápido, porque se vuelve más densa. Ese movimiento puede romper el equilibrio térmico y químico de toda la región. La Antártida podría dejar de ser ese espacio que ayuda a enfriar el planeta y a absorber dióxido de carbono, para convertirse —literalmente— en una fuente de emisiones.

No es solo hielo: es el clima del mundo el que está en juego

Lo que está pasando al sur del planeta no se queda ahí. Tiene consecuencias que podrían sentirse en muchas otras partes. El océano Antártico influye en las corrientes marinas, en la temperatura de las aguas profundas y en el balance global de gases de efecto invernadero. Por eso este estudio no es solo una advertencia científica: es un llamado a frenar el deterioro.

Desde organizaciones como Greenpeace, vienen alertando hace años sobre el impacto que tienen las actividades humanas en regiones tan sensibles como esta. La sobrepesca, la contaminación y la falta de acción política agravan un escenario que, como muestra esta investigación, ya está cambiando por sí solo.

Al respecto, Olmedo fue clara. Si el patrón que detectaron se mantiene, la Antártida dejaría de ser un sumidero de carbono y se volvería parte del problema. Lo que parecía lejano y estático empieza a comportarse de otra manera. Y eso obliga a repensar muchas cosas.