Mano con guantes azules sostiene un conjunto de algas marinas recién recolectadas
Algas marinas recolectadas en laboratorio para proyectos de investigación y sostenibilidad.

 Una especie invasora entorpece la pesca en España

En las costas del sur de España, los pescadores están sufriendo en carne propia por la presencia de una especie invasora: el alga asiática Rugulopteryx okamurae. Este enemigo inesperado ha transformado sus esfuerzos en una tarea ineficaz, ya que cuando arrojan sus redes, estas regresan cargadas de algas en lugar de peces. 

Lo que comenzó como un fenómeno aislado en la localidad de Tarifa ya se ha expandido hacia las playas turísticas y las zonas costeras del lugar. Esta colonización no solo afecta al litoral gaditano, sino también a localidades como Málaga y Levante. E incluso ha cruzado fronteras, afectando a países como Marruecos, Italia y Francia. 

Los expertos explican que al tratarse de un mar cerrado pero muy transitado, el Mediterráneo se ha transformado en una especie de laboratorio involuntario de especies exóticas. Estas presencias van alterando sus ecosistemas marinos de forma incontrolable.

Ahora, ¿cómo llegaron las algas hasta esta zona? Los científicos advierten que la principal causa es el agua de lastre de los buques que transitan por el Mediterráneo cada día. Estos depósitos de agua están diseñados para dar estabilidad a las embarcaciones. Pero en ellos viajan miles de organismos invisibles que, cuando son liberados en los diferentes puertos, van encontrando condiciones favorables para colonizar nuevas regiones. 

Una especie invasora transportada por el tráfico marítimo

El Mar Mediterráneo representa apenas el 1% de la superficie oceánica del planeta. Sin embargo, por sus aguas circula ¡cerca del 30% del comercio marítimo mundial! Este tránsito masivo lo convierte en una autopista para microorganismos, algas y larvas que viajan sin control entre los cinco continentes. 

Esto no hace más que demostrar cómo la globalización marítima (uno de los motores de la economía mundial) puede generar el desequilibrio ecológico de los ecosistemas. Desde su llegada desde el Pacífico en el año 2015, la Rugulopteryx okamurae no ha hecho más que prosperar y reproducirse gracias a la falta de depredadores naturales, una temperatura adecuada y las corrientes y actividades humanas. 

Así es como cada liberación de agua de lastre se transforma en un experimento ambiental sin control. Miles de organismos son descargados simultáneamente en ecosistemas que no cuentan con defensas naturales para enfrentarlos. Si se tiene en cuenta que este proceso se repite millones de veces al año, no quedan dudas de que el transporte marítimo es uno de las principales causas de la invasión de especies exóticas.

Convenios internacionales que nunca fueron puestos en acción

Desde los años setenta, la Organización Marítima Internacional (OMI) tiene conocimiento de este problema ambiental. Pero recién en 2004 se aprobó un convenio específico para gestionar el agua de lastre y los sedimentos de los buques. Sin embargo, los intereses políticos y económicos han hecho que su puesta en marcha fuera demasiado lenta. 

Recién en 2017 se logró que el 70% de la flota mercante mundial se adhiriera, mientras que la incorporación del gigante asiático (China) llegó recién a principios de la última década. Con su consenso se alcanzó el 90% de las embarcaciones.

Por otro lado, en 2024, entró en vigor la norma D-2, que obliga a los buques a instalar sistemas homologados de tratamiento de aguas de lastre. Pero, si bien a primera vista este avance pareciera un hito en la historia ambiental marítima, hasta el momento existe una gran diferencia entre las normas escritas y la realidad de los puertos del Mediterráneo.

Problemáticas como la falta de personal, la presión del elevado tráfico portuario y la prioridad de inspecciones orientadas a la seguridad humana hacen que el control ambiental quede notablemente relegado. Y aunque la mayoría de los buques cuentan con las instalaciones correctas, no todos funcionan como deben, por lo que el cumplimiento de las normas es irregular. 

Italia, España y las zonas grises

Lamentablemente, la situación no es igual para todos los países. Italia, por ejemplo, aún no ha ratificado el convenio, lo que hace que sus autoridades no inspeccionen el agua de lastre de sus buques. Este vacío legal pone en riesgo a toda la región mediterránea, pero especialmente a las costas italianas, donde ya se han registrado daños ejercidos por el alga asiática en Sicilia.

En España, mientras tanto, el convenio sí está ratificado, pero las inspecciones no siempre son las suficientes. Entre 2024 y 2025, la plataforma ParisMou (dedicada al control marítimo) registró solo una detención vinculada al agua de lastre en puertos españoles. Pero la labor de los pescadores, que pasen horas retirando algas invasoras de sus redes, demuestra que el control no es suficiente. 

¿Quiénes son los grandes perdedores en este asunto? Los pescadores artesanales, que no solo pierden dinero, sino que además deben lidiar con la frustración de no contar con el respaldo de las instituciones gubernamentales. Es por eso que organizaciones ambientalistas como Greenpeace luchan cada día para poner un freno a la desigualdad que existe entre las grandes corporaciones mercantes y la pesca sustentable.