
Una nueva amenaza continúa creciendo en los océanos: la minería submarina. Esta práctica, también conocida como minería en aguas profundas se basa en la extracción de minerales como el cobalto, el cobre o el níquel del fondo oceánico. Y si bien los empresarios buscan presentarla como una alternativa para fomentar el desarrollo de tecnologías renovables, esta actividad tiene el potencial de provocar un daño ecológico irreversible.
En abril de este año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que busca financiar la explotación minera en el fondo del mar. Esta decisión va en contra de diversos acuerdos internacionales promovidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y generó temores entre la comunidad científica, ya que la minería submarina aún no cuenta con estudios que demuestren sus posibles consecuencias.
Es importante recordar que el lecho marino es uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. Se trata de zonas que han permanecido sin cambios a lo largo de millones de años. Esto ha permitido el desarrollo de especies únicas. Muchas de ellas, de hecho, aún no han sido descubiertas por los especialistas en la materia.
Por este motivo, intentar extraer minerales con maquinaria pesada tiene el potencial de extinguir para siempre a especies desconocidas. Pero además, puede alterar los procesos ecológicos que mantienen en equilibrio la salud de todo el planeta. Por este motivo, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile, vienen luchando por marco legal que regule esta clase de actividades en los océanos.
¿Por qué la minería submarina atenta contra el futuro del planeta?
El océano cumple funciones que son absolutamente necesarias para la estabilidad del clima, y por ende, del planeta. Por un lado, absorbe más del 90% del exceso de calor que se genera en el mundo. Por otro, tiene la capacidad de almacenar hasta un 30% del dióxido de carbono (uno de los gases de efecto invernadero) emitido por las actividades humanas.
Pero por si esto fuera poco, gracias al fitoplancton, produce hasta un ¡85% del oxígeno que se respira en la Tierra! Si el fondo marino se perturbara mediante la minería submarina, se podría alterar por completo el ciclo de carbono oceánico, es decir, el intercambio constante de carbono entre la atmósfera, el agua y los sedimentos marinos.

Lo que es peor, al remover las capas más profundas del lecho oceánico, se podría liberar dióxido de carbono almacenado allí a lo largo de siglos enteros, haciendo que los gases contaminantes aumenten aún más y se concentren en la atmósfera, empeorando todavía más la crisis climática que atraviesa actualmente el mundo.
¿Cómo podría impactar la minería submarina en los hábitats marinos?
Lamentablemente, los impactos de la minería submarina no solo están relacionados con el clima. Remover la tierra en esas zonas del océano puede generar nubes de sedimentos que aumenten la turbidez del agua, sofocando a los hábitats marinos, y en especial, a las especies que habitan entre los 200 y los 1000 metros de profundidad.
Esto a su vez generaría un rompimiento de la cadena alimentaria de la que se sostienen los peces más pequeños. Y como consecuencia directa, especies más grandes se verían en peligro. ¿El resultado? Desde menos diversidad de especies hasta la desaparición de depredadores tope.
Pero las malas noticias no serían solo ecológicas, sino también económicas. Especialmente para aquellas comunidades costeras que viven de la pesca, y que podrían perder sus fuentes de sustento y empleo. Además, la pérdida de biodiversidad pondría en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas en todo el mundo.
No vale la pena destruir los océanos
Tal vez el mayor motivo para desistir de la minería submarina tenga que ver con su inutilidad económica. Diversos especialistas en finanzas ambientales han recalcado que los costos operacionales y las dificultades técnicas hacen que esta actividad sea de alta inversión y muy baja rentabilidad.
El problema reside en que la mayoría de las empresas interesadas suelen subestimar la dificultad para extraer minerales, así como también sobrestiman la verdadera demanda futura de los mismos. Por eso es necesario que los ciudadanos del mundo condenen esta práctica extractivista que solo prioriza los beneficios a corto plazo, sin considerar las terribles consecuencias a futuro.
